La eterna lucha de Hortensia contra el cáncer: tres operaciones en once años

«La enfermedad busca llevarse a la persona que sabe que puede con ella», dice la afectada


ourense / la voz

La vida de Hortensia Ferreira, vecina de Celanova (Ourense) de 56 años, es la de quien rema y rema a contracorriente, incluso contra su propia genética. Su abuela materna falleció a los 28 por un cáncer de estómago, el primero que justamente mandó un aviso a Hortensia de que iba a por ella. Fue hace más de una década y ella vivía en Palma de Mallorca. Desconfiaba sobre su posible intolerancia a la aspirina y, en una consulta con un médico de Digestivo, supo que llevaba dentro a un enemigo que hasta entonces no se había revelado.

«La operación duró trece horas y después estuve en la uci como dos meses», cuenta. Perdió once kilos y se quedó en los 49 que pesa ahora, pero luego llegó la depresión. «Me vine a Galicia con mi hijo pequeño para recuperarme, hace siete años», cuenta. Pero tampoco en la tierra de su familia encontró todo el reposo que precisaba. Cuatro años atrás, le detectaron un cáncer en su pulmón derecho. Esta vez, el tabaco le había jugado una mala pasada. «Me operaron en el hospital Álvaro Cunqueiro, de Vigo. Salió bien, pero había un alto porcentaje de riesgo para el trozo de pulmón que me quedó. Presentía que, tarde o temprano, me pasaría de nuevo», dice.

Y pasó. Hortensia, que estuvo cuatro meses en el penal de O Pereiro de Aguiar después de que la involucrasen en un proceso judicial contra su segunda pareja por narcotráfico, sospecha que su segundo cáncer, que se detectó en el mismo pulmón que en la ocasión anterior, se aceleró estando en prisión en el año 2016, al convivir con reclusas fumadoras. «Yo no tenía por qué haber entrado allí, y sufrí mucho», cuenta.

Fue en una revisión posterior a su salida del penal, en un TAC, cuando se constató que había un cáncer, muy agresivo, en la misma zona donde había sido intervenida años atrás. «Si fuese una operación en tierra virgen, como quien dice, sería diferente. Pero esto era la misma tierra y ya tocada», explica. Cuenta que no se asustó al saberlo, quizá porque ya lo veía venir. «Acabas interiorizando que es una lucha continua, y sigues con ella», razona. No parece una frase al aire. En su familia, además de su abuela, falleció hace un lustro su hermano, por un tumor en la garganta. Y su padre también había sufrido uno en el pulmón, como ella. «La primera vez, cuando tuve el de estómago y me retiraron un montón de comidas, me dije a mí misma que tenía que salir. Luché bastante, y aún lo hago todavía», añade.

El jueves de la próxima semana regresará al Álvaro Cunqueiro, como en la anterior operación. Parece casi como volver atrás en el tiempo para medirse al adversario de siempre, como si el cáncer quisiese secuestrar su futuro. Ella lo ve como un obstáculo más dentro de un camino que estuvo plagado de ellos. «Sé que es una operación de alto riesgo. Por eso le digo a mis hijos que no sufran, porque lo que quiere el cáncer es llevarse a la persona que sabe que puede con él», avisa ella.

Ayer, al hilo del Día Mundial de la Lucha contra el Cáncer de Pulmón, Hortensia reservaba parte de su fuerza para pedir a quienes están en una situación similar a la suya que no se derrumben, y que alejen toda la negatividad que haya en su entorno. «Yo me quedo con lo que puedo hacer por ahora. Me gusta cantar, me gusta bailar», expresa. Y se imagina de nuevo haciéndolo, dentro de unas semanas, cuando haya superado su tercera prueba de fuego.

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