Las otras piedras de abalar

Pedra de Abalar hay una, la de Muxía, origen del pueblo mismo. Sin embargo, piedras oscilantes hay muchas en la Costa da Morte. Sobre ellas no navegó ninguna Virgen, pero sí fascinan cuando se las balancea.

La Pedra da Graíña
La Pedra da Graíña

Una de las hermanas, casi gemela, de la Pedra de Abalar es la Pedra Graíña y está escondida junto al Camiño dos Soldados, en los montes de Ogas, en Vimianzo. Está muy cerca de las rutas de ofrecidos que cada año caminan hacia la romería muxiana. El cartógrafo dumbriés Modesto García Quintáns midió la gran mole: 7,5 metros de largo por 2,5 de ancho y está orientada de Norte a Sur. La dieron a conocer dos agentes de Medio Ambiente, Jesús Pazos y José Manuel Rojo.

A pesar de sus dimensiones y peso puede hacerla balancear una sola persona y cuando empieza a coger ritmo hasta marea como si fuese un barco, como decía en una ocasión el profesor de Historia Paco Díaz.

No es la única de Vimianzo. No lejos, al otro lado del monte Faro, a unos cien metros de donde se celebra cada año la Rapa das Bestas, en Areosa, hay otra mole pétrea oscilante. Está en el monte de O Mutilado. Lo llaman así porque uno de sus dueños fue un policía local herido en la guerra. Llevaba allí a sus nietos para que jugasen. Alguien quiso comprársela, pero se negó. Una persona puede hacerla oscilar hasta medio metro.

La Pedra do Mutilado
La Pedra do Mutilado

Sin embargo, ninguna de ellas alcanza el tamaño de Pedra da Cabirta (43° 12' 0'' N 8° 31' 17'' W), en el monte Silvoso, en el área del viejo Coto da Cabra, en la frontera de las parroquias de Soandres y Montemaior, A Laracha. A pesar de sus 50 o 60 toneladas se deja mover por el peso de un humano. También le halló las medidas García Quintáns, un incansable de los parajes más secretos. Las cuentas del cartógrafo son de 6,5 metros de largo, por 2,5 de ancho y uno de altura media de esta masa granítica de Soandres. Cuando coge ritmo, su toqueteo suena sólido.

La Pedra da Cabirta
La Pedra da Cabirta

Son las tres más grandes de la Costa da Morte. Sin embargo, no conviene olvidarse de las Pedras Santas del monte del cabo Fisterra, con su cruz inscrita incluida. Se puede pedir deseos ante ella, pero con los ojos cerrados. En el monte de O Pindo hay varios ejemplares y en los Penedos de Pasarela, tres, al menos. Lo mismo en que la ruta del Camiño dos Faros, entre Traba y Camelle.

El catedrático muxián Antón Castro, que estudió el culto a las piedras, contabiliza en Galicia unas 50 rocas relacionadas con algún ritual, algo común a otros puntos de Europa, como en la Bretaña y el sur de Inglaterra, o incluso «en Arabia o en la India, en Corea o en Australia y en Argentina, en diferentes lugares de África o de Asia».

Otro catedrático, pero de Geología, Juan Ramón Vidal Romaní, desvela que estas piedras oscilantes se forman por la «descomposición del granito en estructuras de exfoliación». Con los siglos, va rompiendo en escamas y quedan unas encima de las otras en equilibrio. Durante los tiempos, los humanos les atribuyeron poderes, pero para Romaní el secreto está en la poca actividad sísmica de las áreas en las que se conservan. En caso contrario toda nuestra fascinación se iría al traste.

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