El pantano de San Xoán, el pequeño mar de la Terra Chá

En un municipio como Guitiriz, donde el agua es un elemento más que simbólico, supone un reclamo de interés, rodeado de gran variedad de flora y fauna


Se llama mar de Castilla al conjunto de embalses que se construyeron en los ríos Tajo y Buendía y que permitieron, hace décadas, un avance en la producción hidroeléctrica de España. Se puede llamar mar de la Terra Chá al pantano de San Xoán, de dimensiones muchísimo más reducidas -unas tres hectáreas de superficie de lámina de agua- pero de efectos igualmente prácticos: se construyó hace unos 40 años para intentar mejorar el abastecimiento de agua al casco urbano de Guitiriz, aprovechando el caudal de varios arroyos cercanos.

Pasadas varias décadas, de vez en cuando han seguido apareciendo deficiencias en el suministro -bajas reservas por estiaje unas veces, problemas de turbidez otras-; sin embargo, el pantano tiene a su alrededor una importante riqueza de flora y de fauna, y ofrece una sensación de tranquilidad que se ha incorporado a los parajes de interés de un municipio que tiene una estrecha y singular relación con el agua. Las aguas mineromedicinales hicieron de Guitiriz un lugar de veraneo hace más de cien años, y su principal itinerario de senderismo -su nombre, Ruta da auga, es sobradamente elocuente- discurre por las márgenes de ríos y de arroyos durante unos 20 kilómetros.

Unos siete kilómetros separan el pantano del casco urbano guitiricense. El visitante que llega de otros municipios no necesita pasar por la villa, sino que accede directamente desde la autovía del Noroeste: se abandona la A-6 en el kilómetro 535, se continúa alrededor de un kilómetro por una carretera provincial (LU-P-2301) que sale del centro urbano y por último se toma una vía local durante unos cinco kilómetros. Por un lado, la señalización es la necesaria para llegar al pantano sin despistes ni necesidad de preguntar; por otro, la vegetación que se ve desde el coche muestra prados y montes que hacen ameno ese breve recorrido.

El visitante que llega al embalse tiene alicientes para un turismo activo y para uno contemplativo. Si quiere hacer ejercicio, por la zona pasa una ruta de senderismo que tiene su inicio y su final en el casco urbano guitiricense; y en el área recreativa cercana, propiedad de la comunidad de montes de Lagostelle, empieza otra, que se adentra en la parroquia de Os Vilares. También los aficionados a las bicicletas de montaña hallarán en esta zona un buen lugar para pedalear en contacto con la naturaleza.

Si el visitante busca un tonificante relax, pinos, castaños y carballos le proporcionan sombra y tranquilidad en un silencio que solo romperán el canto de las ranas. Si lo que gusta es asombrarse, la luz de un atardecer soleado le da motivos para recordar la visita y empezar a desear otra. Si lo que le apetece es hacerse alguna pregunta, podrá plantearse por qué un día soleado en Guitiriz a veces se vuelve gris en este paraje: la diferencia de altitud -200 metros más que en el casco urbano- y la presencia de una masa de agua le darán explicaciones.

Si, por otro lado, la visita se realiza en otoño, verá además que abundan las setas, una razón más para no olvidar este lugar.

Cómo llegar

Desde la A-6 se toma la carretera LU-P-2301, y luego se va por una vía local

Área recreativa

Mesas y bancos de piedra permiten pasar unas horas con comida o merienda

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