La odisea de una lalinense: dos días y medio para regresar desde Polonia

Tomó un autobús que a punto estuvo de dar la vuelta en la frontera española, un tren y otro bus llegar a casa


lalín / la voz

Regresar a casa se convirtió para una joven de Lalín en toda una experiencia de vida. De ellas se puede nutrir un guion para una película o incluso servir de trasfondo para un relato, más una novela psicológica que un cuento, de esos infantiles que solían tener final feliz. Porque aunque la aventura de Emma Álvarez Conde acabó bien, a sus 21 años ha vivido unos meses intensos para lograr estar de nuevo con los suyos. Una odisea con la pandemia de telón de fondo finalizada este viernes a última hora, tras haber emprendido casi dos días y medio antes un viaje desde una localidad próxima a Cracovia, en Polonia.

Pero vamos al principio. Emma Álvez estudia Ingeniería Informática en Ourense y por primera vez logró una beca para ir de Erasmus a Polonia. El pasado octubre recaló en la localidad de Bielsko-Biala, en el sur del país y cerca de Cracovia. Su estancia discurrió con normalidad, en febrero decidía tomarse unos días de descanso y visitar a la familia, regresando a su destino polaco el día 3 de marzo. «Tenía unas citas médicas y un congreso en Madrid a finales de marzo así que pretendía regresar a España, pero a la semana de volver a Polonia se había cancelado el vuelo, se cerraban los colegios, las universidades,... y solo con una decena de infectados por coronavirus en el país», explica desde su casa lalinense. «Allí se lo tomaron tan en serio desde el principio que a mí parecía hasta demasiado exagerado, aunque en la localidad donde vivía hubo pocos casos», dice.

Fuertes restricciones

Franjas horarias, restricciones a la movilidad, mascarillas desde el principio incluso para hacer deporte o ir en bicicleta,... de repente Emma se encontró casi encerrada en la residencia donde vivía. Solo podía ir a comprar al súper o la farmacia. Entonces se les hizo una encuesta coordinada desde las universidades españolas para ver si ya habían regresado, si querían permanecer en el destino de estudio y en caso de querer volver cómo se podría afrontar. La recomendación, comenta Emma, era seguir allí si había nada grave que lo impidiera. Surgían las dudas de si después no se podría regresar a Polonia, si se podía perder la beca,... «y la mayoría decidimos quedarnos, pero un par de semanas después un familiar mío enfermo y, no por capricho, quise regresar».

Hablamos del día 3 de abril, cuando entra en contacto con sus universidades aquí y en Polonia para clarificar si puede continuar con clases telemáticas, con la beca: «los profesores se portaron muy bien, fueron muy agradables, las dos universidades me facilitaron todo para que no hubiese problemas si no estaba en Polonia físicamente». Tocaba encontrar vuelo para regresar, con el hándicap de que los aeropuertos polacos estaban cerrados. Parecía que iban a abrir el 15 de abril, pero un día antes se prolongó una quincena más el cierre. Intentó hablar sin éxito con el Ministerio de Asuntos Exteriores y mandó un correo electrónico a la embajada, que instaba a seguir en redes sociales las novedades. «Quedé un poco chafada porque parecía Spam gratuito», reconoce Emma.

La primera alternativa podía estar en salir por carretera hasta Alemania y de allí volar a nuestro país. Pero con autobuses y trenes cancelados resultaba arriesgado. Decide aguantar en Polonia, en espera de que haya vuelos. Pero se encontró con nuevos aplazamientos, apenas anunciado con veinticuatro horas de anticipación. El último hasta el día 6 de junio. Pero esta joven lalinense se planta. Después de dos meses decide rebuscar y el 23 de mayo se entera de un vuelo chárter desde Cracovia, que sale a primera hora del 26. Un plazo excesivamente ajustado para una mudanza internacional. Imposible. Y en eso surge una empresa polaca que hará viajes en autobús hasta España, el primero el día 3 de junio, luego alguno más en julio. Era su oportunidad. Tocaba agilizar trámites con la Universidad, entregar las llaves de la residencia y lograr que un profesor le hiciese de intérprete con un taxista que le llevase hasta la localidad próxima a Cracovia de donde salía el autobús. Y hay empezó la segunda parte de su odisea.

«El traductor de Google ha salvado muchas vidas»

Emma Álvarez ya vive el primer susto incluso antes de subirse al autobús que la traerá de Polonia a España. En un país donde la puntualidad es extrema, empiezan a pasar los minutos y no llega. Incluso preguntó hasta tres veces al conductor de otro bus estacionado en la misma dársena. «A los veinte minutos ya pensaba qué podría hacer si no venía, en otra ciudad y sin medios», significa, para afirmar categórica: «El traductor de Google ha salvado muchas vidas». En su caso le sirvió para conversar con una señora que también estaba esperando el mismo autobús y que pudo confirmar en una oficina que llegaría con retraso. Al final lo hizo 45 minutos tardes. Después tocaría un transbordo, pero ya con españoles como compañeros de viaje fue más llevadero.

Tocaba atravesar varios países en las más de 45 horas de desplazamientos. Sin problemas en las fronteras alemana o francesa. Pero en la española los policías subieron al bus, pidiendo documentación y un ciudadano polaco no tenía causada justificada para el viaje. Otro que regresaba para estar con su mujer española y sus hijos actuó de traductor pero «no nos dejaron pasar y tuvimos que volver a Francia a dejar a ese hombre en la entrada a un pueblo y al parecer los conductores le dijeron que lo recogerían al volver». De nuevo tocaba intentar entrar en España, por una carretera nacional en lugar de autovía para evitar retenciones. Ahora pudieron pasar.

A primera hora de la mañana del día 6 llegaba el autobús a Madrid, para tomar Emma después el único tren a Galicia, a las 15.00 horas, cargada de maletas y mochila. Pero había otra peripecia más. En Zamora se bajó al estar interrumpida la vía tras el accidente mortal de días antes y de nuevo le tocó bus desde allí a Ourense, donde le aguardaba su familia para llevarla a Lalín.

Esta joven se mostraba crítica con las incongruencias y contradicciones de los mensajes de la embajada, que en un primer párrafo «habla de un vuelo y en el tercero dice no tener constancia de ninguno», entre otros errores por ejemplo con acudir a Alemania para volar «sin información fundamental como que si no lo logras en un máximo de 24 horas te quedas allí varada, todo muy surrealista». Ahora, por responsabilidad personal y aunque nadie la obliga, decidió mantener los 14 días de cuarentena en su domicilio. «Por sentido común», lo que brilló por su ausencia con la embajada.

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