El triste adiós de Sara Lúa en el primer «MasterChef» sin repescados

Saray volvió al programa pidiendo perdón y cocinó un ave para resarcirse de su perdiz sin desplumar

El emotivo adiós de Sara Lúa en «MasterChef»

Redacción / La Voz

Si algo está claro en este MasterChef es que nada es lo que parece ni funciona cómo lo hizo en anteriores ediciones. La ansiada repesca, que supone la vuelta de uno de los concursantes ya expulsados terminó anoche con unos inesperados contrincantes. MasterChef, que cada día más parece explorar los conflictos entre concursantes entre fogones y los piques entre los jueces y ellos, demostró que puede ocurrir cualquier cosa. Como que en la repesca ninguno de los concursantes pueda volver al programa y deban competir con cinco aspirantes que se quedaron a las puertas de entrar en MasterChef

Antes, los concursantes se tuvieron que enfrentar a la tradicional prueba del robo, donde los concursantes se van robando ingredientes de sus cestas y deben cocinar con los que les quedan, en ocasiones, casi irrisorios. Sara Lúa y Luna fueron las mejores de la prueba y fueron las capitanas de exteriores, donde cocinaron en el Centro de Alto Rendimiento de Madrid para deportistas de renombre. El invitado en este caso fue Saúl Craviotto, ganador de MasterChef Celebrity y que fue el encargado de repartir los platos para la repesca. Los concursantes ya expulsados debían elaborar un entrante cada uno. Y del otro lado Luna tuvo que dirigir de nuevo al mismo equipo que en el anterior programa la destituyó como capitana. 

Sito, Rosa, Mónica, Adrienne, Sonsoles, Fidel y Saray volvieron al programa para intentar ganarse una nueva plaza en las cocinas, pero todos la desaprovecharon. Saray, que fue expulsada de forma fulminante tras presentar una perdiz sin desplumar, volvió pidiendo disculpas a los jueces. «Me dio como una embolia mental», aseguró refiriéndose a sus formas y su enfrentamiento a los jueces. «No soy una persona que tira la toalla. Me gustaría que me diese una oportunidad», añadió disculpándose. 

Pese a todo el equipo de Luna, con Teresa, Juana, Iván y José Mari, volvió a imponerse en el cocinado y envió directamente al de Sara Lúa a la prueba de eliminación. Aunque por un momento se pensase que igual anoche no iba a haber una despedida al no haber repesca. Y es que el jurado reprendió a los expulsados por presentar unos entrantes que «parecían microtapas» y ninguno se ganó el honor de volver a ponerse un delantal blanco. 

Uno de los comensales que degustó los menús y reconoció que las raciones eran muy pequeñas fue el palista Cristian Toro, que tras ser padre y retirarse durante un año, ha vuelto al equipo y se prepara para Tokio 2021. 

A los expulsados ya en la última prueba les esperaba una sorpresa: cocinar en parejas con cinco exaspirantes que se quedaron a las puertas de entrar en MasterChef. Si lo hacían bien, uno de ellos ocuparía el lugar del repescado. Pero a estas alturas del concurso una prueba de eliminación puede convertirse en algo extremadamente complicado. La invitada para esta prueba era Alejandra Rivas, pareja de Jordi Roca, que han impulsado juntos Rocambolesc. Debían cocinar en 90 minutos un postre con bizcocho, merengue, helado y nube de azúcar.

Y como ya ha pasado en otras ocasiones, el postre se les atragantó a la mayoría. Andy y Carlos hicieron lo más parecido a lo que se pedía, lo que convirtió a Carlos en un concursante de pleno derecho en MasterChef.

El cocinado de Michael también fue alabado por los jueces, que lo salvaron, pero su compañero tuvo que volverse por donde había venido. Ana, Alberto y Sara Lúa fueron los que peor habían hecho la prueba, y finalmente fue la coruñesa la que tuvo que abandonar las cocinas de MasterChef. Su salida dejó apenado y con lágrimas en los ojos a Iván, el otro gallego que la salvó en el primer programa para que no tuviese que enfrentarse a la prueba de eliminación. «Le has puesto muchas ganas, pero alucino con la cantidad de errores que ha tenido. Es un trabajo pésimo», le decía Jordi a la coruñesa, que pasó de ser  una de las favoritas en la prueba individual a ser la expulsada en el mismo programa. 

«Lo veo justo, me lo esperaba», decía Sara Lúa. «Me voy triste, obviamente, pero no me caigo, esto son diez minutos», añadía entre lágrimas. «Todo tiene una cosa buena y una cosa mala. Lo bueno es todo lo que he aprendido y me llevo una gente maravillosa», decía. Pepe Rodríguez se dirigía a Iván que lloraba desconsoladamente. «No me gusta esto», decía casi sin poder articular palabra. «Soy un gallo que llora», bromeaba. 

Ni la merluza a la gallega y ni la tortilla de Betanzos que elogian sus amigos salvaron a Sara Lúa, encargada en una conocida tienda de vestidos de novia, libraron a que el sueño de esta coruñesa se acabase ayer por un postre a dos manos. 

«Quiero que gane Iván, es una persona brillante y preciosa», aseguraba la coruñesa antes de dejar MasterChef. El programa fue seguido por 2.862.000 espectadores y logró un 22,9 % de cuota de pantalla.

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