Madrid, un millón de pobres «moderados»

La crisis económica provoca que se dispare el número de madrileños que necesitan ayuda para alimentarse


Madrid / La Voz

Un bocadillo, un plátano, un yogur y una bebida. Es lo que se esconde en el interior de la bolsa que la Hermandad del Refugio y Piedad de Madrid ha repartido este jueves a las más de 300 personas que han guardado cola a las puertas del número 16 de la Corredera Baja de San Pablo, en pleno barrio de Malasaña, en Madrid. Una de sus voluntarias atiende a La Voz de Galicia mientras supervisa todo para que nada falle durante la entrega. «Estamos desbordados». En las circunstancias en las que se encuentra la gente que acude a este centro, la ausencia de un yogur dentro de la bolsa puede convertirse en un verdadero drama.

En noches como la de este jueves, con una primavera que no acaba de llegar y en la que ha llovido durante buena parte de la jornada, la gran mayoría opta por dar cuenta de la cena dentro del comedor.

La escena se repite en cientos de puntos a lo largo de la Comunidad de Madrid. No muy lejos, en la calle Hortaleza, está la Iglesia de San Antón, uno de los puntos de beneficencia más populares de la capital, en buena parte por la gran presencia mediática de su responsable, el padre Ángel. Ayer mismo repartieron bolsas con un cocido solidario donado por la compañía de alimentación Shukran Group.

Sin embargo, las zonas más golpeadas por esta crisis están siendo los barrios más populares. «Los primeros en caer son siempre los mismos: Latina, Puente Vallecas, Carabanchel...», apunta un alto funcionario del Ayuntamiento de Madrid.

Sin embargo, a diferencias de otras crisis, esta vez también está afectando a clases medias que hace tan solo unos meses atrás ni se imaginaban que en tan poco tiempo se podrían ver en una cola de este tipo recurriendo a la ayuda de los servicios sociales del ayuntamiento, de entidades benéficas o de redes ciudadanas. Lo sabe bien Cristina Domingo, una de las responsables de la red de Cuidados de Chamberí, una asociación vecinal ubicada en uno de los distritos solo al alcance de las clases medias-altas. «Nos sorprendió, porque cuando creamos esto lo hicimos con la idea de ayudar a personas mayores o vulnerables a hacer la compra. Pedimos voluntarios para cubrir estas necesidades», comenta a La Voz.

Pero poco a poco empezaron a detectar que algunas familias que vieron cómo sus ingresos se vieron recortados drásticamente no tenían para pagar los ya de por sí desorbitados alquileres, facturas de la luz y comida. Por ello, emplean parte del fondo de donaciones y propinas para atender a este nuevo pobre llevándoles a la puerta de casa «compras solidarias» efectuadas por los voluntarios. «Nos sorprendió, porque sabemos bien la gente que tenemos. No es uno de los barrios más precarios», argumenta. Hasta la fecha han colaborado con más de 420 familias que se han visto forzadas a llamar a los números de teléfono que aparecen en la multitud de carteles que hay desplegados repartidos por todos los barrios de este distrito.

El granero madrileño

«¡Ha sido una auténtica locura!». Elena Dorias, directora del gabinete de prensa del Banco de Alimentos, resume en esta frase el trabajo de los dos últimos meses. Esta oenegé funciona como una suerte de granero de los comedores sociales.

Solo en la Comunidad de Madrid atendía a 130.000 personas al día antes de la crisis. Desde el estallido de la pandemia prestan ayuda a casi 200.000 diarias. A pesar de las dificultades derivada de la crisis sanitaria, ya que la mayoría de los voluntarios con los que acostumbra a trabajar son mayores de 65 años y no pueden salir de sus casas por pertenecer a un colectivo vulnerable, lo que les obligó a buscar ayuda entre los universitarios, «con una respuesta magnífica», afirma. Trabajan con 517 entidades, de las que un 75% dependen exclusivamente de sus aportaciones. Otras 40 asociaciones permanecen en lista de espera para poder recibir ayuda. Antes de la crisis había 700.000 personas en Madrid en situación de «pobreza moderada», un término que supone que la economía no alcanza para todos los gastos básicos. La cifra supera el millón. Y muchos que no se reflejan, ya que la primera opción siempre es recurrir a la familia, dando a entender que el recurso a estas entidades es el último paracaídas previo al hambre.

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