Los grandes iconos turísticos de la Costa da Morte están vacíos

El confinamiento impide disfrutar de monumentos y paisajes


carballo / la voz

Un Domingo de Ramos, el cabo de Fisterra estaría desbordado de gente. En el pueblo habrían celebrado su procesión, al igual que en Carballo, Corme, Vimianzo y muchas otras localidades en las que la Semana Santa se convierte en la gran esperanza turística. Sin embargo, ayer, el cabo de Fisterra estaba desierto. El sábado al atardecer no había nadie contemplando la puesta de sol. Como tampoco había persona alguna admirando como el Xallas se lanza en cascada al Atlántico, a los pies del monte de O Pindo. La nueva pasarela, que da acceso a todas las personas con diversidad funcional, no recibe a nadie. Y en Vilán solo hay viento.

El confinamiento también mantiene cerrado a cal y canto el portalón de la fortaleza medieval de Vimianzo, así como las Torres do Allo, el dolmen de Dombate, el museo Forno do Forte, al igual que otros lugares emblemáticos como el Museo da Pesca, de Fisterra; el del mar de Laxe o el de Fernando Blanco, de Cee.

Muchos de estos espacios estarían muy concurridos un día como el de ayer, con visitantes, como solía pasar en los paseos de Laxe o Malpica. La plaza de Caión estaba ayer solitaria. A principios de Semana Santa solía estar llena. Ni un solo turista se veía, como es natural a causa del confinamiento, por el arenal de Razo, ni en otros tradicionalmente tomados en estas fechas por los surfistas llegados desde los lugares más insospechados. También abandonadas estaban las aguas de Verdes. Escenarios para el disfrute ahora totalmente vacíos.

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