2020, odisea en un hotel de Lanzarote

Una familia de Culleredo narra su confinamiento en Canarias y el tortuoso regreso a casa 5 días después de lo previsto

Roberto y Sandra se retrataron con sus hijos antes de subir a su casa en Vilaboa. Agotados por el confinamiento y el largo viaje desde Canarias, era la fotografía más deseada
Roberto y Sandra se retrataron con sus hijos antes de subir a su casa en Vilaboa. Agotados por el confinamiento y el largo viaje desde Canarias, era la fotografía más deseada

Culleredo / La Voz

Cuando Sandra y su familia regresaron de su viaje a Lanzarote se hicieron una foto delante del portal de Vilaboa, donde viven. Es la foto que ilustra esta crónica, la historia de un viaje de placer que se tornó en una desesperante vuelta a casa con un largo confinamiento en el paraíso canario. Tras conocer su odisea, entenderán por qué al llegar al hogar se tomaron esta imagen. Porque se dejaron muchos días y dinero para volver.

Presentamos primero la naturaleza del viaje en boca de Sandra Dubra: «Era nuestro viaje de novios, nos acabábamos de casar después de doce años de convivencia y dos hijos pequeños, de 6 y 2. Mi hermano nos pagó todo, vuelo y hotel». Pero con el tiempo, el regreso a casa les obligaría a desembolsar alrededor de 2.000 euros, si bien esto no fue lo peor, sino la incertidumbre, las cancelaciones, y gestionar esta caótica situación con dos niños pequeños.

Los cuatro se alojaron en el hotel Sandos Papagayo de Playa Blanca el miércoles 11 de marzo. Pero ya al día siguiente, el WhatsApp de Sandra comenzó a acelerarse con las noticias que le llegaban de casa con el anuncio del cierre de colegios. Al menos durante dos días sí pudieron aprovechar las piscinas. Pero a partir del sábado 14 a la familia de Sandra no le quedó otra que ver el sol de Lanzarote y las piscinas del hotel desde la ventana de la habitación. «Los ingleses se marcharon y los nuestros eran prácticamente los únicos niños que quedaban en el hotel», explica Sandra. Asumieron la situación de forma estoica. Los empleados les facilitaron puzles para los niños. «El personal del hotel se portó de 10 con nosotros», señala la mujer. Intentaron relajarse en el enclaustramiento canario a la espera del miércoles 18, fecha de retorno.

«Desde la habitación del hotel veíamos las piscinas totalmente vacías, parecía un hotel fantasma», señala Sandra Dubra
«Desde la habitación del hotel veíamos las piscinas totalmente vacías, parecía un hotel fantasma», señala Sandra Dubra

Pero comenzaron las cancelaciones aéreas. «El nuestro se mantenía pero ya el martes nos comunicaron que lo retiraban. Mi hermano compró billetes para el jueves, y unas horas antes, también lo anularon». Saltaron las alarmas. Contraviniendo la orden de confinamiento, Roberto, el marido de Sandra, se dejó cien en euros en taxis para ir al aeropuerto de Lanzarote y preguntar a la cara a los operadores de Ryanair, porque la conexión telefónica era imposible. Cien euros para escuchar: «Todo cancelado».

Alguien les comentó que la mejor forma de resolver su regreso era ponerse en contacto con los servicios sociales de su ayuntamiento, en este caso Culleredo. «A la media hora me llamó el alcalde y nos empezamos a tranquilizar», dice Sandra. El regidor José Ramón Rioboo contactó con la Delegación del Gobierno para guiar a la familia de Vilaboa. Acabaron en las manos de la Oficina de Turismo de Lanzarote, quien les avisó de un vuelo a Madrid para el domingo siguiente. «Nos costó 1.500 euros, pero era lo que había, y nos agarramos, claro». A ello había que sumar las tres jornadas extras en el hotel donde, insiste Sandra, el trato fue «exquisito». Una vez en Madrid, entre el cansancio, el deseo de llegar a casa y las estrictas órdenes del estado de alarma, entraron en un bucle de situaciones rocambolescas. «En el último día en Lanzarote habíamos gestionado el viaje de Madrid a A Coruña. Solo teníamos dos plazas de bus, así que alquilamos un coche -relata Sandra-, pero comenzaron a decirnos que no podíamos ir los cuatro juntos, que nos podían multar». El Ayuntamiento de Culleredo llegó a expedirles un salvoconducto, pero temieron que no bastase. Las dudas se resolvieron cuando la empresa de alquiler cerró ese sábado. Así que tras llegar a Madrid a media tarde del domingo y de solo disponer de dos billetes para ese día, compraron otros cuatro para el lunes. «Nos preparábamos para pasar la noche con los niños en el aeropuerto». Pero consiguieron un tercer billete de autobús. Faltaba uno. De nuevo el alcalde asoma en la historia y gestiona con Alsa el cuarto billete. A la medianoche del domingo se subieron rumbo A Coruña, adonde llegaron este lunes a las 8. En la estación se repartieron en dos taxis para llegar a casa. E inmortalizaron el momento más deseado de todo el viaje.

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