Vecinos al rescate de sus vecinos en Ferrol

Las asociaciones de los barrios se reinventan para seguir prestando servicio a sus socios

Roberto Taboada, presidente vecinal de Canido, siguiendo desde su casa una de las actividades de la asociación a través de Facebook
Roberto Taboada, presidente vecinal de Canido, siguiendo desde su casa una de las actividades de la asociación a través de Facebook

Ferrol

Con los locales sociales cerrados a cal y canto, a las asociaciones de vecinos les toca reinventarse. Y reivindicar un papel que, quizás, nunca haya sido tan necesario como ahora. El coronavirus ha dicho hasta luego a cursos, actividades, exposiciones o bailes, que tanta vida daban cuando el día a día se vivía de otra manera. Pero ha puesto de relieve todo lo que, aún desde sus casas, las entidades de los barrios pueden hacer por sus vecinos en la era de la pandemia. Estos son solo algunos ejemplos.

Caranza

Llamadas a todos los socios, uno por uno. Con cerca de un millar de socios, la entidad del barrio más poblado de Ferrol es también una de las más activas. Y no solo en redes, compartiendo, advierte su presidenta, María del Pilar Rodríguez Venancio, solo información «contrastada y veraz». La entidad ha decidido llamar uno por uno a todos los asociados de los que tienen su teléfono, para comprobar que se encuentran bien. Así que «todos los días llamamos a 50 o 60 y hablamos personalmente con ellos para ofrecerles cualquier cosa que necesiten», explica, aunque han comprobado que «la mayoría están todos bien».

Concurso de manualidades para niños. Dirigido a uno de los colectivos que más sufre el aislamiento, la entidad ha lanzado un concurso manualidades para niños de cuatro a diez años. Se trata de que elaboren trabajos que «cuando acabe todo esto» se expondrán en el centro cívico y se harán distintos concursos, acompañados de una fiesta.

¿Elaboración de mascarillas? La asociación ofreció además a la Concellería de Benestar Social la creación de una red de personas que coserían desde su casa mascarillas para hacer frente a la escasez de material de protección. Según traslada, el Concello quedó de valorar la propuesta para ver si es factible, ya que hay que garantizar condiciones de seguridad e higiene y conseguir el material.

Canido

Red solidaria con la parroquia. La Asociación de vecinos de Canido inició la crisis del coronavirus con una «avanzadilla» de una red solidaria que venía preparando previamente con la parroquia de Santa Cruz, según explicó su presidente, Roberto Taboada. Inicialmente, un grupo de voluntarios se encargó de repartir alimentación y medicinas entre personas que no podían salir a por ellas. Pero a petición del alcalde, todas esas gestiones se derivaron después a través de Protección Civil. No obstante, la red se mantiene a través de atención telefónica y llamadas periódicas a gente mayor o vulnerable. Y con los voluntarios prealertados por si las necesidades excediesen la capacidad fuese necesario que volviesen a la acción. «Estamos aí, por si fixera falta un plus, e polo que poda pasar», señaló el presidente vecinal.

Clases virtuales: de yoga a japonés. Con los locales cerrados, las redes están más abiertas que nunca. Canido utiliza su Facebook para mantener en la medida de lo posible las actividades, gracias al profesorado, «que foi moi xeneroso e está mantendo de forma activa clases on line e cargando vídeos para o alumnado». Los vecinos pueden seguir practicando zumba, pilates, yoga, inglés y hasta japonés. Hay incluso sesiones de cuentacuentos para los niños.

Ultramar

Atención telefónica de dudas. Desde la Asociación de Vecinos de Ultramar, su presidenta, Natalia Ares, dice sentir «impotencia» por no poder hacer más. Aunque lo que hacen no es una cuestión menor: atender telefónicamente todas las dudas que plantean los vecinos, y que no son pocas. «Desde algunos que entendieron que teníamos que ir todos a hacernos la prueba al Novoa hasta otros que no saben cómo tienen que hacer para renovar el paro», describe. Pero hay muchos que, simplemente, llaman porque necesitan de alguna forma compañía. «Intentamos escucharlos y que la soledad que sufren sea más llevadera», explica. Otras demandas de atención las derivan hacia los organismos responsables.

Ensanche A

A la búsqueda de a quién ayudar. La directiva vecinal de la asociación del Ensanche A no solo ofrece, sino que también busca a quién ayudar. Su presidente, Rafael Leira, explicó que intentan localizar los casos de personas mayores con necesidades. Y que, incluso, algunos directivos pusieron papeles en alguna calle para que quien necesite algo ponga su nombre y su teléfono. «Por lo demás, nos pusimos a disposición del alcalde», apunta, reseñando que por el momento está «todo muy tranquilo».

Esmelle

Recados para mayores. El rural tampoco escapa a la solidaridad. Y entidades como la de Esmelle se ha puesto manos a la obra para hacer más llevadero el confinamiento. Así, desde la entidad se trasladó que realizan recados permitidos a la gente mayor con problemas de salud o movilidad. Y además, mantienen activo un canal de comunicación con las medidas que se van adoptando, que difunden a través de WhatsApp y redes sociales.

Serantes

Ofrecimiento de ayuda. En Serantes la directiva vecinal ha facilitado su número de teléfono para que recurran a ellos, si necesitan algo. Aunque por el momento no ha sido necesario: «Los vecinos se ayudan entre ellos, y si unos van a comprar les preguntan a los que viven al lado si necesitan algo», dice Luis Casas, el presidente.

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