Que no pare la música

Los profesores del conservatorio de Culleredo mantienen las clases con 180 alumnos a través de plataformas on line


Culleredo / LA Voz

El dominio de un instrumento musical necesita de disciplina casi diaria para no estancarse en su evolución. El conservatorio de Culleredo, con 200 alumnos, vio venir el cierre del centro unos días antes de que el Gobierno decretara el estado de alarma. «Ya intuíamos que no podíamos estar juntos en el edificio, que había que tomar medidas porque cada vez esto iba a más, y luego llegó el confinamiento», señala Marcos Seoane, director del centro y profesor de violín.

Después de pasarse días descubriendo plataformas on line para poder mantener activos a los alumnos, el pasado lunes los 18 profesores se repartieron el trabajo a través de una multitudinaria videoconferencia. «Hemos organizado clases teóricas de Lenguaje musical, Historia de la música, Armonía… en la que repartimos a los alumnos en grupos de 7 u 8 personas y les explicamos la asignatura de forma telemática», explica Seoane.

Esa parte no plantea demasiadas dificultades. Pero las clases prácticas sí obligan a superar algunos obstáculos técnicos que no siempre son fáciles de resolver. El micrófono de un ordenador no es el mejor vehículo para las notas de un instrumento. «Los altavoces con los que cuentan los alumnos en sus casas no son de calidad, los micros por ahí andan, y un ligero golpe del instrumento genera ondas pico que desembocan en sonidos muy raros. Yo tengo un soporte para mi iPad, pero no todos los alumnos disponen de herramientas así, colocan sus teléfonos sobre la mesa y eso difiere el sonido», señala el director del conservatorio de Culleredo. «Tengo una alumna en cuya casa la señal de wifi es muy deficiente y parece que la estoy viendo por vía satélite, debemos tener paciencia y pulir este tipo de contratiempos», añade Seoane, al que le arde el Whatsapp con dudas de los estudiantes. Solamente los más pequeños, los de los cursos de iniciación, están exentos de mantener la rutina musical.

Los profesores del conservatorio de Culleredo también han encontrado un importante apoyo logístico en los padres, especialmente los matriculados en primer curso de instrumento. «A la hora de afinar necesitamos la ayuda de los padres, y nos lleva un buen rato explicar cómo deben tensar una cuerda, por ejemplo, en el caso de un violín», explica Marcos Seoane, quien acumula ya dos décadas en este centro cullerdense. El reto de mantener la enseñanza a los alumnos -«esto no sustituye a las clases, que ya veremos cuándo se retoman»-, la he demostrado que todos los estudiantes están muy motivados para mantener el ritmo en sus conocimientos musicales.

El confinamiento se le hace complicado, como a todos, desde su casa de A Coruña, en la calle Orillamar. Pero las clases son también una válvula de escape. Y alguna sorpresa que se ha encontrado y que comparte con los lectores de La Voz: «La página web de la Filarmónica de Berlín, que es de pago, ha abierto este mes sus conciertos grabados para los amantes de la música. Lo estoy disfrutando como un enano».

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