La última esperanza para la humanidad

El Tratado Antártico mantiene este lugar como una reserva para la paz y la ciencia

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La última esperanza para la humanidad El Tratado Antártico mantiene este lugar como una reserva para la paz y la ciencia

Cuando se supera la latitud 60 grados sur es posible entender el significado del Tratado Antártico, que desde 1959 mantiene a esta zona de la Tierra como un lugar reservado para la paz y la investigación. En el día a día este acuerdo se traduce en que no hace falta llevar la cartera encima, porque el dinero no existe, como tampoco las fronteras. Aquí todo es de todos, solo se habla el idioma de la ciencia y los países colaboran de forma natural. «Cada vez que vengo a la base búlgara me siento como en casa. Son muy amables conmigo», confiesa la paleobotánica brasileña Cristine Trevisan durante un asado entre españoles y búlgaros, las dos países que conviven en Livingston.

En los años de la Guerra Fría doce potencias con reclamaciones soberanas en el Polo Sur acordaron mantener al margen de las tensiones a la Antártida, una región con un enorme potencial porque conecta continentes y contiene recursos valiosos. Las negociaciones para evitar un conflicto de intereses orbitaron en torno a la ciencia. «En aquella época la parte diplomática estaba muy activa porque los países siempre estaban enfrentándose. Por tanto, había mucha experiencia para diseñar un buen tratado como es el Antártico que solo tiene catorce artículos. Desde mi punto de vista estamos ante una obra maestra», apunta Antonio Quesada, secretario técnico del Comité Polar Español. «Este acuerdo demuestra que se pueden hacer las cosas bien y pensando en el futuro. No se puede cambiar ni una coma del documento y los países firmantes no pueden abandonarlo», añade.

España se sumó al Tratado Antártico en 1982 y fue admitida como parte consultiva en 1988. «Para aumentar su peso en este acuerdo internacional se diseñó un programa de investigación polar y se decidió abrir la base Juan Carlos I en Livingston y después la Gabriel de Castilla», comenta el Comandante Joaquín Núñez, jefe de la base en Decepción, operada por el Ejército de Tierra. Núñez aclara la presencia militar española. El artículo 1 señala claramente que «es una zona para fines pacíficos y se prohíbe toda medida de carácter militar». «Esta no es una base militar sino científica, aunque desde el principio se decidió contar con el apoyo del Ejército de Tierra por las características de este lugar. Somos un equipo pequeño pero multidisciplinar y expertos en movernos por este tipo de terrenos inhóspitos y peligrosos», asegura Núñez.

En octubre de 1991 se aprueba el Protocolo de Madrid en la capital española, que amplia el Tratado en materia medio ambiental. «Cada actividad que se realiza en la base Gabriel de Castilla ha sido sometida a una evaluación de impacto ambiental para cumplir con el protocolo de Madrid. Por ejemplo, todos los residuos que se generan aquí tienen que ser evacuados del área de influencia del tratado. Nosotros lo hacemos este año a través del buque de Investigación Hespérides», comenta Marina, responsable de medio ambiente. «Las construcciones que hay aquí tienen que ser removibles, es decir, que se puedan replegar en cualquier momento sin que quede ningún resto en Decepción», apunta el Teniente Mario Garzón, responsable de las obras del muro de contención de la base. «El sistema está compuesto por módulos recuperables», añade.

El Tratado se firmó en 1959. Hoy cuenta con 54 miembros
El Tratado se firmó en 1959. Hoy cuenta con 54 miembros

El artículo 10

La fortaleza de este exitoso acuerdo también es e cierta medida su debilidad, tal y como consta en el artículo 10. «Compromiso de los firmantes de hacer los esfuerzos apropiados, compatible con la carta de las Naciones Unidas, para que nadie lleve a cabo en la Antártida ninguna actividad contraria a los propósitos y principios del tratado». La vigencia del acuerdo depende de la buena voluntad y la concienciación de los miembros. «El tratado se recoge de una forma voluntaria entre los países firmantes. No existe una policía que se dedique a vigilar si se están cumpliendo las normas ni tampoco sanciones, solo el desprestigio del que lo incumple», sostiene el Comandante Manuel Blanco, oficial de Riesgos Laborales.

En el 2048 se podrá evaluar el estado de salud del tratado, cuando se proceda con la revisión. «Si hemos sido capaces de crear un acuerdo para proteger a la Antártida podremos defenderlo. El momento histórico es otro pero la conciencia medioambiental también ha aumentado», asegura el escritor y explorador Javier Cacho durante una conversación en la base Juan Carlos I. «Hacía 14 años que no veía. Resulta muy difícil describir la belleza de este lugar. Tendrían que venir poetas», asegura.

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