«Tenemos cosas que decir, igual os sorprendemos»

A Tribo es un grupo de jóvenes en riesgo social que han expresado sus inquietudes a través de tres cortos


Santiago / La Voz

No hay mejor historia que la que está bien escrita, salpicada de matices que brillan desde el interior de esa palabra que no podía estar en otro lugar más que en ese. Y a veces, las palabras no son suficientes. La historia de Gabriela, Siffe, Jota, Ihara y Juanes no está hecha de palabras, sino de imágenes. Gabriela, Siffe, Jota, Ihara y Juanes se han contado a sí mismos a través del lenguaje audiovisual.

«Tenemos cosas que decir y si nos dan la herramienta, igual os sorprendemos», dice Gabriela. El cine les ha servido para contar cómo son realmente los jóvenes, más allá de los tópicos, de los clichés televisivos. Qué ocurre cuándo estas en una situación de vulnerabilidad social. A través de tres cortos, estos jóvenes hablan de la realidad oscura escondida tras la idealización de las drogas, de la criminalización del diferente, como ocurre con las personas migrantes, o de la invisibilización de lo abrumadora que es la vida cuando se tienen 15 años. «Cuentan cosas, pero siempre dejan algo atrás».

Siffe, un chico alto, altísimo, con vaqueros y una sonrisa tímida, pero el don de la palabra exacta en el momento adecuado, tiene 15 años. Siffe es uno de los miembros de A Tribo que Igaxes y Agareso, en colaboración con la obra social La Caixa, han creado durante este curso. Y Siffe tenía la necesidad de contar cómo es Empezar de cero. La inmigración es un tema «en el que siempre miran a lo negativo, nunca a lo positivo». El cine ha sido una catarsis para una situación que sufren muchos amigos: las miradas sospechosas, las actitudes de rechazo, solo por ser de otro país.

Juanes, vivaraz, inquieto y sobre todo muy cercano, está atento a cualquier detalle. A si la grabadora está funcionado. «Al ser la primera vez, cuesta, pero si le coges el ritmo te gusta». Él es uno de los protagonistas de Vidas paralelas, la historia de cómo la droga acaba destrozando familias.

A Tribo es un corto documental que nace de algo tan sencillo como «coger a los jóvenes y preguntarles por ellos mismos y que cuenten como somos, no como nos plasman», explica Gabriela, 16 años, futura artista. En realidad, ya es artista. Que esta sociedad no habla de los problemas de la juventud lo cuenta pertrechada detrás de sus gafas oscuras.

A su derecha está sentado Jota, reflexivo, paciente. Espera su turno para contar cómo es eso de ponerse de acuerdo para grabar un corto. «Las discusiones, sobre todo por el guion, para poner o quitar cosas». Jota se turnaba con un compañero para la cámara. Ihara, de mirada dulce y pocas palabras, le gusta estar detrás de la cámara porque «estoy menos nerviosa». Se ha convertido en una experta en raccord. Hubo reto, porque uno de los protagonistas se tuvo que ir a mitad de rodaje «y hubo que cambiar la historia a partir de lo que teníamos». Se inventaron que se tenía que ir a trabajar a Zamora. «Nos cambió todo el corto. Un caos», dice Juanes.

¿Ha encontrado una vocación en el cine? «A medias. Es otra forma de plasmar ideas», dice Gabriela. «A mi me gustó siempre ser actor» y esto ha sido una oportunidad para tener entre sus dedos la magia del cine. La fuerza de un lenguaje tan potente como el audiovisual. «Me ha servido para liberarme, me sentía con más confianza», dice Jota.

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