Amelia Tiganus: «Un prostíbulo es como un campo de concentración para mujeres»

Tras ser captada en su país natal,  pasó cinco años de burdel en burdel y ahora lucha por la abolición de la prostitución contando su historia


ferrol / la voz

Amelia Tiganus (Rumanía, 1984) sufrió una violación en grupo con solo 13 años y a los 17 fue captada en su país natal para ejercer la prostitución en España. Durante cinco años pasó por más de cuarenta prostíbulos de toda la península, «incluida Galicia», pero finalmente, tras colapsar física y mentalmente, logró salir del «sistema prostitucional». De aquello hace ya 13 años, pero Amelia no olvida y ahora lucha por la abolición de la prostitución y el proxenetismo contando su experiencia a quien la quiera escuchar. Esta mista tarde lo hará en la Facultad de Humanidades de Ferrol, donde a partir de las 16.30 horas impartirá el taller Prostitución: trata e violencia sexual dentro de las jornadas Violencia(s) contra as mulleres  organizadas por la UDC y la Asociación Fuco Buxán.

-¿Qué mensaje quiere transmitir con este taller?

-Lo que quiero transmitir es que la auténtica revolución y la auténtica transgresión para acabar con la violencia contra las mujeres debe pasar por comprender que no existe una separación entre mujeres buenas y malas, entre santas y putas, como nos han querido enseñar, sino que todas juntas debemos luchar para que nuestra liberación sea eficaz.

-Usted insiste en hablar de «sistema prostitucional» en vez de usar el término prostitución.

-Es que hay gente que cree que prostitución es sinónimo de prostituta, cuando en realidad estamos hablando de un entramado mucho mayor, de una industria que cuenta con la connivencia de poderes y Estados y que mueve cantidades de dinero similares a las que genera el tráfico de drogas o de armas.

-¿Cómo llegó a usted a la prostitución?

-Yo fui arrojada al sistema prostitucional porque sufrí una violación en grupo. A raíz de aquello, fue mi propio entorno el que, en lugar de arroparme, me marginalizó, me expulsó, y eso es algo que también forma parte del sistema prostitucional. En los países que exportan materia prima a esa industria de explotación sexual, los proxenetas aprovechan la situación de vulnerabilidad que sufren muchas mujeres para convencerlas de que su destino y única salvación es convertirse en un cuerpo al que explotar. Y para ello, se nos engaña, porque aunque nos dicen que nos vamos a dedicar a la prostitución, no se nos cuenta que nunca nos enriqueceremos con ello y nos ocultan las graves consecuencias físicas y mentales que sufriremos al ser convertidas en meros receptáculos de semen, en meros objetos de diversión para esos hombres que están dispuestos a pagar por penetrar por todos los agujeros a una mujer que no solo no lo desea, sino que no tiene ninguna otra oportunidad en la vida.

-¿Qué supuso para usted pasar cinco años de burdel en burdel?

-Yo siempre digo que prostíbulo es como un campo de concentración para mujeres migradas y empobrecidas. Tienes que estar disponible las 24 horas del día, al servicio del deseo de otros y pasando mucho tiempo en espacios asfixiantes donde la penetración se convierte en un acto de tortura. Sentir el manoseo y el aliento de personas a las que no deseas te hace estar en un estado de alerta permanente y provoca que te conviertas en una máquina. La deshumanización es absoluta en esos espacios y, de hecho, hay estudios que dicen que las secuelas de la prostitución son similares a las que sufren los veteranos de guerra.

-¿Quiénes son los responsables de que miles de mujeres sigan sufriendo esta situación?

-El principal responsable es el Estado, porque permite que exista ese sistema de proxenetismo y no lo persigue, pero también lo son los hombres que consumen prostitución, porque están financiando ese sistema de esclavitud.

-Para atacar a abolicionistas como usted, hay hombres que las tachan de «mojigatas».

-Precisamente las abolicionistas somos las que más luchamos por la liberación de las mujeres porque pensamos que tenemos el derecho a disfrutar de una sexualidad libre, placentera y en igualdad de condiciones. Mientras haya hombres que paguen por obtener placer no vamos a conseguir esa libertad y ese derecho al propio cuerpo.

Los barrios de prostitución en Galicia: la luz roja continúa encendida

Gladys Vázquez/ X. Carreira / J. Romero / M. Hermida
Prostituta en la zona de Beiramar, en Vigo
Prostituta en la zona de Beiramar, en Vigo

En calles de Vigo, Lugo y Santiago siguen ejerciendo la prostitución unas cien mujeres; en la ciudad olívica el caladero de nuevos clientes está en los trabajadores de los cruceros

La luz roja todavía sigue encendida en algunos barrios chinos gallegos. Los especialistas aseguran que existe un gran descenso de mujeres que ejercen la prostitución en estas zonas, pero todavía continúa la actividad en los de Vigo, Santiago y Lugo. En Pontevedra hay colectivos que aseguran que esta práctica se realiza en áreas distintas de las tradicionales. Y lo mismo que en Ourense. Los lupanares dieron paso a otro tipo de negocios vanguardistas; en algunos casos antiguas casas destartaladas pasaron a ser lujosos apartamentos con altos alquileres.

No hay cifras oficiales, pero las mujeres que a diario se buscan la vida en estos barrios podría llegar al centenar, según miembros de colectivos relacionados con la materia. En Lugo habría unas 15; en Vigo, Médicos del Mundo (que atiende al año en Galicia a más de mil personas relacionadas con el sexo, de las cuales el 95 % son mujeres), constata que en la zona portuaria quedan una decena, de edad alta, que llevan muchos años y no han encontrado otra forma de vida.

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