Una luz hacia el final del camino


A Coruña

En el ultimo año se han constatado notables avances en el tratamiento de la infección por VIH/SIDA. Desde la posibilidad muy cercana en uno o dos años de tratar a los pacientes con una inyección única trimestral, que sustituiría a las pastillas, a la posibilidad de obtener vacunas muy eficaces con anticuerpos ampliamente neutralizantes, hasta los actuales indicios de curación con la administración de un trasplante de células madre de médula ósea.

En el momento actual solo teníamos la constancia de curación completa de un paciente, el de Berlín, tras un trasplante de médula ósea por un linfoma. Tres o cuatro pacientes posteriores a nivel mundial, de características similares, fracasaron.

La curación del paciente de Londres, de la doctora Rabindra Gupta, nos acerca a la segunda curación demostrada. El éxito se debe a que en el trasplante se han utilizado células madre con unas características especiales, anómalas, con una alteración genética (CCR5 Delta 32), que impiden ser penetradas por el VIH. Células madre de este tipo solo las poseen el 1 % de la población europea. Veremos qué sucede con otros cuatro pacientes que están incluidos en estudios en condiciones similares.

Es evidente que esta línea de trabajo puede alcanzar la curación, no a través del trasplante, imposible, de médula ósea, a los millones de infectados que hay en el mundo, sino a través de manipulación génica que consiga obtener células madre anómalas con la mutación mencionada, para administrársela a los infectados, con objeto de que sustituyan a sus células sensibles al virus.

Soy optimista, sin duda, en que a corto-mediano plazo las investigaciones en este sentido nos permitirán lograr la curación de esta tremenda pandemia. No estamos ante ninguna quimera, tras las múltiples dudas de muchos y de muchos años de lucha infructuosa. En la carrera, a tres vías, por la curación frente a la infección -la terapéutica con fármacos, actualmente utilizada a diario; la inmunoterapia, con vacunas muy sensibles, y la terapia génica, tras manipulación de células madre de médula ósea-, va a vencer esta tercera. El anónimo paciente de Londres nos lo señala. Es la luz que nos indica el camino verdadero.

Por José D. Pedreira Médico internista emérito

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