Cuando Estados Unidos ocultó la verdad sobre el calentamiento global

La película «Vice» describe cómo la administración Bush manipuló el mensaje que recibía la ciudadanía. Ahora vuelve a ocurrir lo mismo con Donald Trump


REDACCIÓN / LA VOZ

La película Vice, que se encuentra actualmente en los cines, cuenta la historia de Dick Cheney, vicepresidente de los Estados Unidos entre el 2001 y el 2009. Un político que concentró casi tanto poder como el mismísimo jefe del Ejecutivo, George W. Bush. La consigna del binomio Bush-Cheney fue clara: acabar con el impulso a las energías renovables y controlar el mayor número de flujos de petróleo en el mundo. Cheney puso en marcha un plan para desacreditar a la comunidad científica que alertaba sobre los efectos del calentamiento global. James Hansen, uno de los climatólogos más importantes del mundo, publicó en el 2004 un artículo en The New York Times en el que denunciaba que los informes se estaban alterando o directamente se ocultaban a la opinión pública.

En el 2006, la Administración incluso borró del lema de la NASA «entender y proteger nuestro planeta». El largometraje propone, además, que Cheney manipuló el mensaje que llegaba a los ciudadanos, sustituyendo el término calentamiento global por cambio climático. «En nuestras investigaciones descubrimos que el calentamiento global provocaba una preocupación más intensa sobre el tema entre muchos grupos, así como una mayor comprensión del consenso científico», explica a La Voz Jon Ozaksut, investigador sobre comunicación medioambiental de la Universidad de Yale. Todos esos años de negacionismo le han costado a la humanidad millones de toneladas de dióxido de carbono que han estado calentando el planeta.

La lucha contra el aumento de la temperatura global se recuperó ligeramente con el Gobierno de Barack Obama. El pacto con China en materia de reducción de emisiones y la firma del Acuerdo de París en el 2015 invitaban al optimismo. Sin embargo, Estados Unidos ha dado otro paso hacia atrás de la mano de Donald Trump. El escepticismo vuelve al despacho oval y, con él, la manipulación. Desde que el magnate es presidente, los funcionarios han recibido instrucciones sobre el uso de términos científicos. Cada vez que quieran hablar sobre el cambio climático deberán mencionar extremos del clima. «As veces o discurso é unha forma de amosar unha ideoloxía. En Estados Unidos os informes da Axencia de Protección Medioambiental cambiaron recentemente o termo cambio climático por eventos del clima ou outros que non mencionan directamente o cambio e, por suposto, tampouco falan de que sexa antropoxénico, de orixe humano», reconoce María Loureiro, catedrática de Economía Ambiental de la USC. Sin olvidar que Estados Unidos, la segunda potencia más contaminante, ya no forma parte de la alianza global para salvar el clima.

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La ciencia lleva un siglo avisando de que los combustibles fósiles que hacen girar la rueda del Antropoceno emiten gases de efecto invernadero. El sueco Svante Arrhenius, premio Nobel de Química, predijo en 1896 que el termómetro del planeta podría aumentar hasta cinco grados debido a la concentración de dióxido de carbono en la atmósfera. Miles de científicos han dicho lo mismo desde entonces. Pero la evidencia ha tenido que lidiar con el negacionismo, políticas insuficientes y una economía que no se ha preocupado de esta amenaza. Sin una respuesta contundente, la temperatura media ha subido ya un grado. La comunidad científica asegura que las decisiones que se tomen durante la próxima década decidirán el porvenir de la vida en la Tierra. La relevancia del momento actual se refleja en dos anuncios recientes. El IPCC, el grupo de científicos sobre cambio climático de la ONU, ha advertido en su último informe que la temperatura no debería superar el grado y medio. De lo contrario, el clima podría entrar en una fase de retroalimentación. Además, el Nobel de Economía ha reconocido este año a los estadounidenses William Nordhaus y Paul M. Romer, los padres de la economía del cambio climático.

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