Los funcionarios de Correos duplican estos días funciones. Son nada menos que los emisarios de los Reyes Magos. De ellos depende que las misivas lleguen a Oriente
03 ene 2019 . Actualizado a las 11:25 h.Las Navidades siempre fueron una época de ajetreo. Claro que las cosas cambiaron mucho. Si antes las oficinas de Correos se llenaban de tarjetas navideñas y giros postales, hoy los paquetes de Amazon ocupan cada vez más espacio. Sin embargo, hay una tradición que sigue inalterable. Los niños prefieren lo físico a lo digital a la hora de dirigirse a sus majestades. «Nos llegan decenas, centenares de cartas manuscritas», cuenta con una indisimulada sonrisa Francisco Varela Castro, director de la oficina principal de A Coruña.
En la ciudad tienen repartidos cuatro buzones especiales, exclusivos para Oriente. Un servicio que cumple 23 años en todo el país. «Muchos niños también depositan las cartas en los buzones tradicionales. Aquí, en las cuatro bocas de león que tenemos en el edificio», explica Varela. Hay sobres de colores, de distintos tamaños, personalizados e incluso acolchados. «Sí que es larga esta lista», anticipa una de las funcionarias. No porque la haya abierto, sino por lo que pesa. Y, por si los Reyes no entienden el gallego o el castellano, están los precavidos. Saben que los dibujos son universales, por lo que pintan a Melchor, Gaspar y Baltasar a lomos de sus camellos. «Los destinatarios son ellos», asiente Varela.
En Galicia 46 buzones guardan los mensajes que recibirán los Reyes. «Para muchos niños es su primera carta. Las únicas que escribirán posiblemente a mano. El simple hecho de verlos entrar ya alegra las mañanas», admite Francisco Varela. Su público habitual suele estar más entrado en años. «O es más corporativo. Las empresas continúan enviando postales y merchandising. Pervive la sensación de que lo físico es más cercano que un correo electrónico», destaca.
Seguimiento «on-line»
La tradición no está reñida con la tecnología. En la web del Departamento de Envíos Extraordinarios de Correos también se puede escribir una carta 2.0. Una vez enviada, reciben un código. Una herramienta digital, el Iluscopio, permite hacer un seguimiento de la ruta de la misiva.
«Cuando vienen con sus padres, o en una excursión, eso es lo que más les preocupa. Quieren saber cómo llegan a sus destinatarios las cartas. Aquí les explicamos el proceso. Cómo gestionamos los envíos. No es necesario sellar. Funcionan como las antiguas franquicias postales -ya en desuso-», detalla Francisco Varela. «También preguntan cómo nos ponemos en contacto con los Reyes. Pueden estar tranquilos. Tenemos una ruta diferenciada. Sus deseos salen directos rumbo a Oriente», anuncia el director de la oficina principal, ubicada en la Marina.
A la magia de los Reyes se une la magia epistolar. «Los niños, primero, se fijan en el edificio. Este, en particular, es muy bonito -tiene puerta giratoria incluida-. Luego, en los trabajadores. Aunque los más pequeños entran tímidos, los que son un poco mayores preguntan mucho. Es lógico. Un adolescente sabe lo que es un wasap, pero puede que no sepa qué es un sello», confiesa Varela.
Este no es único trabajo especial de los carteros estos días. Los padres recurren a ellos para enviar paquetes a los hijos que están fuera. Mientras, el tráfico de postales subsiste, en buena medida, por el turismo. «Los cruceristas son de los que más felicitaciones de Navidad envían», indica el responsable de la oficina. Los amantes de escribir en una cartulina eso de «Felices fiestas» son ya una melancólica y romántica rareza.
La nueva vida de Correos
Los emisarios postales echan un cable a Melchor y compañía por partida doble. Muchos de los regalos que se abrirán el 6 de enero pasan antes por aquí. «Amazon, y otras plataformas de venta por Internet, son grandes clientes de Correos», destaca Varela. El Citypaq es el punto de recogida automático instalado dentro de la oficina. Tiene además aplicación para el móvil.
Pero, volviendo al origen, persiste una duda. ¿Qué se hace realmente con todas las cartas dirigidas a los Reyes? «¡Se mandan a Oriente!», exclama Francisco Varela. Una vez allí, los tres magos se hacen cargo.