Procrastinemos todos

Fernanda Tabarés
Fernanda Tabarés OTRAS LETRAS

SOCIEDAD

23 dic 2018 . Actualizado a las 12:14 h.

En nuestro afán por contar y ordenar cosas, laralaralito, cada año se proponen palabras con la pretensión inútil de meterle bridas al vértigo despendolado del idioma. Está, primero, la RAE, que cierra ejercicio como las empresas con los balances, poniendo en verde palabras que los hablantes más vivos llevan tiempo escupiendo. Este año le ha tocado a selfi, feminicidio, sororidad, escrache, meme, viagra o feedback, en una prueba evidente del nervio de la institución: cuando ella viene, el hablante va.

Luego está la Fundeu con su glosario de términos del año. En este 2018 los propuestos son descarbonizar, micromachismo o VAR, aunque sin duda mi preferido es procrastinar, un vocablo que suena a parafilia sexual guarra pero que significa una forma de ser: aplazar para mañana lo que haíia que hacer hoy.

En los tiempos de la inmediatez, procrastinar es un acto de rebelión, un ejercicio de libertad y autonomía, un decir no, chiquillo, a esa exigencia patológica de contestar ya, aquí, ahora, ipso facto, a todos los tilín con los que los aparatos tecnológicos de nuestras vidas activan nuestro reflejo condicionado de mantener activa la llama de la interacción. Desoír ese reclamo, obviar esa campanilla del was, del tuiter, del faiesbuk, del insta o del télegran es un acto de resistencia solo reservado a mentes firmes.