El VIH, la diabetes, la psoriasis y la celiaquía dejarán de ser motivos de exclusión para los empleos públicos
01 dic 2018 . Actualizado a las 05:00 h.«Por fin se ha hecho justicia, después de muchos años de lucha lo hemos conseguido». Sonia Valbuena, directora de programas sociales del Comité Antisida de A Coruña (Casco), apenas puede contener la satisfacción ante un acuerdo histórico anunciado ayer. Paz Gómez del Valle, presidenta de la Federación Gallega de Diabetes (Fegadi), tampoco. «Nos costó mucho trabajo, pero gracias a Dios lo hemos logrado». Ninguna de las dos se conoce y representan a colectivos dispares, pero les une la misma alegría. Una emoción que comparten con las personas con celiaquía y psoriasis. En conjunto son casi diez millones de españoles los que ayer celebraron la decisión del Gobierno de eliminar una injusticia histórica: la discriminación a seropositivos, celíacos, diabéticos y afectados por la psoriasis que, desde hace treinta años en algunos casos y diez en otros, tienen vedado el acceso a un empleo público vinculado a la seguridad. Ninguno podía presentarse a una oposición para ser policía -ni nacional, ni local ni autonómico-, ni guardia civil, ni militar, ni bombero o funcionario de prisiones. Y solo por el mero hecho de la enfermedad que tienen, cuando desde hace mucho se sabe que no existe ninguna razón médica que lo impida. Eran barreras laborales caducas, porque en las últimas décadas los avances médicos y los tratamientos de todas estas dolencias han minimizado los síntomas, han cronificado la enfermedad y han permitido a los pacientes llevar una vida absolutamente normal en cualquier tipo de trabajo.
«Aunque es cierto que parte de la población aún tiene que tomar conciencia de ello, las personas con VIH pueden hacer una vida normal en todos los ámbitos», corrobora Sonia Valbuena. Y lo mismo, en su especialidad, mantiene Paz Gómez del Valle: «Era una discriminación absurda y sin ninguna lógica, porque, por ejemplo, los diabéticos disponemos desde hace años de sensores que alertan cuando vas a tener una hipoglucemia». Ambos colectivos llevan años de lucha y esfuerzos a todos los niveles para conseguir el objetivo. El número de beneficiarios de su éxito es enorme, porque no era raro que en los locales de ambas asociaciones, al igual que en los de muchas otras repartidas por toda España, se presentaran afectados para asesorarse sobre si podían o no presentarse a una oposición pública. Y la respuesta, hasta ahora, era negativa. Incluso se dieron casos de personas que habían aprobado las oposiciones después de años de esfuerzo, pero que poco antes de pasar una de las últimas pruebas, el examen médico, perdieron su oportunidad porque les sobrevino la enfermedad.
«Todos los requisitos científico-médicos nos avalan. Por el simple diagnóstico de estas enfermedades no se puede cerrar el paso al que quiere acceder a la función pública», destacó ayer la vicepresidenta del Gobierno, Carmen Calvo, en la presentación de un acuerdo que los representantes de las distintas asociaciones beneficiarias calificaron de histórico.
De todos los casos, el más extraño quizás sea el de los celíacos, ya que hoy en día acceder a una dieta sin gluten y preparar este tipo de menús es algo muy sencillo. Faltaba voluntad.
«Se estaban atropellando todos nuestros derechos ciudadanos»
José Manuel García Navarro había dedicado dos años de esfuerzo a preparar las oposiciones al cuerpo nacional de Policía. Se presentó en el 2015 y aprobó el examen teórico y las pruebas físicas. Solo le quedaba pasar la revisión médica y psicológica. Hasta que un diagnóstico de diabetes un poco antes de la cita convirtió lo que parecía un mero trámite en un obstáculo insalvable. No pasó el corte y su vida se truncó. Desde entonces hizo propia la lucha que muchos otros habían iniciado antes y se centró en combatir lo que consideraba una injusticia. Promovió una campaña en Change.org y se embarcó en una ruta en bici desde el Rocío (Huelva) hasta Santiago de Compostela para dar a conocer su causa allá donde paraba. Ayer vio reconocido todos sus esfuerzos. «La verdad es que estoy muy contento, por fin lo hemos conseguido», asegura este joven andaluz de 26 años con un entusiasmo contagioso. «El lunes -explica- empiezo de nuevo en la academia para volver a preparar las oposiciones».
Está de celebración y mira con optimismo el futuro, pero tampoco olvida el mal trago pasado. «Para nosotros -dice- se estaban atropellando todos nuestros derechos como ciudadanos. Todo el mundo tiene derecho a la libre elección de su profesión, y así está reconocido en la Constitución, pero a nosotros no nos daban esa libertad». Ahora sí.
Tampoco entendía porque la diabetes se había convertido en una barrera infranqueable para poder presentarse a la oposición de Policía, porque en su vida diaria la enfermedad no le suponía ningún contratiempo que le impidiera hacer una vida normal. «La diabetes -subraya- no me ha impedido hacer nada, y de hecho practico deporte a un alto nivel, como ciclismo y natación. No tenía ninguna lógica». Pero en su lucha también guarda un lugar para los agradecimientos: «Me sentí muy apoyado».
«Me veía dentro de la Guardia Civil y en el último momento me dijeron que no»
Ser celíaca nunca fue un impedimento para Alba García. Esta joven pontevedresa fue noticia hace unas semanas porque su trastorno digestivo le impidió ingresar en la Guardia Civil, el oficio de su padre y el anhelado por ella misma. Se presentó a las pruebas y se llevó la decepción de su vida. «Me veía dentro -explicó-, y en el último momento me dijeron que no». Alba compite en el nivel más alto de gimnasia rítmica y aseguraba que nunca ha tenido problemas por su celiaquía. Tenía claro que su exclusión era «muy injusta». Su familia también. Su madre se lamentaba de que el sueño de su hija se viese «truncado por una simple dieta».
Puede que su caso diese un empujoncito al Gobierno. Ciudadanos presentó en su momento dos preguntas al Congreso para que explicara las razones del rechazo de la Guardia Civil a Alba. Recordaba que en la Policía Nacional no se aplica ese requisito, de modo que «parece que existe discriminación así como vulneración del principio de igualdad».