Si hubiese que elegir la voz más terrorífica del siglo XX podrían presentarse muchos candidatos, pero entre ellos estaría una de ficción: la de HAL 9000, de 2001: una odisea del espacio, de Stanley Kubrick. Esta computadora gigante (entonces no se había desarrollado la microtecnología), que extermina a casi toda la tripulación de una nave a Júpiter, simplemente por seguir al pie de la letra una orden equivocada en su programación, sería el emblema de todos los genocidios del siglo pasado. También insinúa una advertencia para el siglo en curso: es la locución a la vez fría y aterciopelada de la inteligencia artificial, convencida de que no puede equivocarse y dispuesta a sustituir a lo humano. A esa voz se la ha comparado, formalmente, con un cruce entre la de un mayordomo y un psiquiatra; pero, sobre todo, es la del error fanático y autocomplaciente, en el fondo la de un psicópata que finge sentimientos, pero no los tiene. No es sorprendente que el gran Anthony Hopkins se basase en ella para construir su personaje del caníbal en El silencio de los corderos. El caso es que el actor que dio voz a HAL, Douglas Rain, nos ha dejado esta semana, a los 90 años de edad.
La historia de cómo se hizo esta famosa grabación es complicada. Inicialmente, estaba previsto que quien prestase la voz a HAL fuese Martin Balsam, que tenía un ligerísimo deje del Bronx (como el propio Kubrick), pero al director le pareció un acento demasiado cercano y localizado geográficamente. Quería algo más universal y distante. Por eso optó por Douglas Rain. A Kubrick le parecía que el acento de Rain era neutro. En realidad, era canadiense. Es un acento que gusta mucho en Estados Unidos (y de hecho hay allí un número desproporcionado de locutores de televisión canadienses) precisamente porque suena a norteamericano pero la pronunciación de las vocales no permite distinguir de qué región es exactamente. Rain grabó sus líneas de diálogo en diez horas a lo largo de dos días, tumbado y con sus pies descalzos sobre una almohada, para que su tono fuese más relajado. Pero no quedó contento. En su país era un gran actor de teatro shakespeariano y esta colaboración, para él menor, oscureció el resto de su carrera. De hecho, no se molestó nunca en ver la película.
Se comprende el enfado de Rain, pero creo que estaba equivocado. Yo veo su interpretación de HAL como una extensión de su trabajo en el teatro clásico. En ella se resumen todos los personajes de Shakespeare que Rain encarnó brillantemente en el escenario del Old Vic y el festival de Stratford: la lógica manipuladora de Shylock, el mercader de Venecia, la ceguera asesina de Otelo, el ansia de poder de Macbeth... Del mismo modo que el siglo XX contuvo todos los crímenes, las tragedias de Shakespeare contienen todas las tragedias. Sus obras son como el código de ordenador del comportamiento humano.
Irónicamente, esa voz sosegada y redonda, pero heladora, es la que luego tomaron los ingenieros como modelo para los dispositivos electrónicos que hablan. Siri, la asistente personal del iPhone, y Alexia, la de Amazon, están basadas en la interpretación de Rain, son versiones femeninas de la voz de HAL (en inglés, porque la Siri en español tiene un ligero acento vasco). No creo que haya sido una buena idea. No tengo un iPhone y apenas compro en Amazon, pero cuando escucho esas voces lentas, distantes, melosas y con un empaque entre canadiense y shakespeariano, me acuerdo de HAL, el ordenador que se rebeló contra los humanos e intentó exterminarlos; y siento una pequeña, casi imperceptible inquietud.