Cervantes llora al viejo Caroco

El carballo de la plaza do Campo de Quindous, árbore senlleira, amaneció con todas sus ramas en el suelo y el tronco desnudo


lugo / la voz

Los vecinos de Quindous, en Cervantes, lloran desde ayer a uno de los cuatro carballos centenarios de la plaza do Campo de esta localidad y uno de los dos del conjunto que figuran en el Catálogo de Árbores Senlleiras de Galicia. Está herido de muerte. La nevada del fin de semana desgarró las ramas de Caroco, como lo denominan de forma cariñosa, todavía cubiertas de hojas, y dejó el tronco prácticamente desnudo. Cayeron de noche y por la mañana los habitantes de esta aldea se despertaron con el espectáculo. Unos meses antes recogieron firmas para reclamar medidas para frenar los síntomas de enfermedad que presentaban los árboles, que eran en dos de ellos muy evidentes.

La reliquia botánica no pudo soportar el peso de la nieve que cubrió su frondosa copa y cedió. No fue el caso de los otros tres. Dos de ellos tienen las ramas prácticamente secas y no se resintieron con el temporal.

El carballo con varios cientos de años de existencia, el mejor conservado de todos y el que gozaba de mejor salud, estaba pendiente de una poda. Fuentes vecinales aseguraron que la licitación para realizar estos trabajos, que contempla también la restauración del mobiliario de la plaza, está en marcha. Llegará demasiado tarde, según se lamentaban ayer los habitantes de esta aldea de A Montaña que estaban muy orgullosos de la plaza, que ya no volverá a ser la misma, y de sus árboles, en los que buscaban cobijo y compartieron conversación varias generaciones de ancareños.

Una muerte anunciada

En Cervantes llevaban ya tiempo preocupados por el futuro de sus dos árboles senlleiras catalogadas y por las otras dos que no habían conseguido esa categoría. A mediados de junio del pasado año se reunieron para solicitar medidas para tratar de salvar estas joyas de la botánica. La reivindicación quedó un poco aparcada como consecuencia de los incendios de octubre de ese mismo año, que minó la moral de los habitantes de este concello de la montaña lucense. 

Los vecinos demandaron en esa reunión la colocación de placas que identificaran a cada uno de los árboles catalogados, que son de especies diferentes y que se plantaran nuevos ejemplares en la plaza. Con estas medidas pretendían darle un mayor valor y continuidad en el tiempo a un espacio natural singular del que disfrutan no solo los vecinos de Quindous, sino también los visitantes que se topan con esta plaza cuando se dirigen a la zona alta de la Reserva de Ancares, a la aldea de Piornedo y a Sete Carballos.

Caroco que estaba prácticamente hueco en el tronco, que era el refugio favorito de los más pequeños en sus juegos, resistió otros envites y no se contagió de la enfermedad que secó a sus hermanos, pero no soportó el peso de la nieve a destiempo. El árbol fue capaz de aguantar a los largo de varios siglos otras nevadas más intensas, pero no con todas sus hojas todavía sin caer.

Cuando se derrita la nieve y puedan evaluar los daños se sabrá si el árbol está en condiciones de salir de la uci, o si tendrá que desaparecer del entorno.

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