La morriña de las ballenas

Los científicos creen que los recientes avistamientos indican que las ballenas vuelven a Galicia para comer


redacción / la voz

Hubo un tiempo en la localidad coruñesa de Cee en el que las tapas en los bares no eran de tortilla, sino de carne de ballena. La vida en este pueblo giraba en torno al gigante del océano. «Hai teorías que incluso apuntan a que o nome deriva do termo cetus que significa balea en latín», apunta el historiador Víctor Castiñeira.

Cee, Cangas y Xove fueron las capitales de aquella Galicia ballenera, cuya historia se remonta hasta el siglo XII. «La caza de la ballena la introdujeron los vascos. Al principio llegaron a la costa gallega con embarcaciones pequeñas pero a partir del siglo XVII venían con galeones y también empezaron a incorporar tripulación local. A través de la caza artesanal capturaban ballenas francas, de pequeño tamaño y con mucha grasa, algo que permitía que flotasen. Además, la madre siempre protegía a la cría y resultaba muy fácil cazar a ambas», relata Covadonga López, directora del Museo Massó de Bueu.

Antes del invento de la electricidad, el aceite de ballena se usaba para la iluminación El negocio de la ballena resultaba muy rentable porque se aprovechaba casi de todo. Solo la barba se usaba para las fustas, los paraguas o las sombrillas. Aunque la principal aplicación tenía que ver con la luz. Mucho antes de que se inventase la electricidad, la grasa de las ballenas iluminaba ciudades y hogares. «Ejercía de combustible para encender candelabros. Las personas con dinero usaban más bien el aceite de oliva porque tenía mejor olor, pero la gente sin recursos utilizaban la grasa de la ballena», comenta López.

En el siglo XVIII, la caza indiscriminada provocó la extinción de la especie franca en las aguas de la comunidad. La actividad quedó entonces paralizada hasta principios del XX, cuando los noruegos introdujeron en Galicia nuevas formas de pescar cetáceos de mayor tamaño, como el cachalote o la ballena azul. «Ellos comenzaron a usar barcos de vapor, explosivos y todo tipo de instrumentos que permitían capturar a los ejemplares más grandes que pasaban por aquí», asegura la experta.

Los noruegos llegaron con la intención de quedarse y levantar una industria en la comunidad. Su primera decisión en este sentido fue crear Caneliñas en Cee, una factoría en tierra. Pero la historia se repitió con los nórdicos. La explotación intensiva provocó el colapso da las ballenas que paraban para alimentarse mientras realizaban sus largas rutas migratorias. Los noruegos abandonaron Caneliñas en 1927 y la caza de la ballena tendría que esperar hasta los años 50 para remontar de la mano del empresario gallego José Chas Rodríguez que retoma la actividad en Cee. Al mismo tiempo los hermanos Massó abren una nave en Cangas y otra en Cabo Morás (Xove). «No caso concreto de Cee a industria da balea deu moito emprego e incluso xerou algún avance importante para a época. A vila foi das primeiras de Galicia en contar cun alumeado público», recuerda Castiñeira.

En 1985 los balleneros gallegos capturaron 48 rorcuales comunes, 18 machos y 30 hembras. Fue el último año de caza. Antes habían sido descuartizadas más de 11.000 ballenas de diferentes especies. Para poder entrar en la Unión Europea, España se vio obligada a firmar el acuerdo internacional que prohíbe la caza con fines industriales aunque no científicos. Pero cuando llegó la veda, las ballenas ya habían interiorizado que cruzar las aguas gallegas representaba un riesgo. En consecuencia, dejaron de venir. Durante las últimas décadas avistar este mamífero por las rías ha sido una rareza.

Sin embargo, la nueva generación parece haber superado el pasado ya que muchas han decidido volver a la que una vez fue su casa. En los últimos años, los científicos están detectando una presencia mayor de cetáceos en Galicia. Este verano se han observado varias familias de ballenas azules en las rías, incluyendo una cría de 16 metros. «Este avistamiento tiene un valor añadido porque no es nada común observar ejemplares tan jóvenes. El hecho de que haya decidido venir a Galicia para alimentarse puede confirmar que se está recuperando la antigua ruta migratoria, que siempre debería haber existido pero que dejó de hacerlo por la actividad humana», dice Bruno Díaz, zoólogo de Bottlenose Dolphin Research Institute, con sede en O Grove.

Gracias a los afloramientos de aguas frías y nutrientes, las rías gallegas siempre han sido un reclamo para el animal más grande del planeta. «La ballena azul se asocia con aguas oceánicas. Seguro que en medio del Atlántico existe una mayor concentración. La particularidad de que se acerquen a la costa gallega para comer pone de manifiesto el valor que tienen nuestras aguas», confiesa Díaz.

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