¿Falta educación sexual en las aulas?

Elisa Álvarez González
Elisa Álvarez SANTIAGO / LA VOZ

SOCIEDAD

PEPA LOSADA

Francia vuelve a reabrir el debate; en Galicia los expertos en sexología afirman que es esencial desde los tres años

17 sep 2018 . Actualizado a las 05:00 h.

El primer problema es qué se entiende por educación sexual. Una gran parte de la población tiene un concepto erróneo y, de hecho, hace unos años se incorporó el término «afectivo» para evitar confusiones. Ahora los especialistas han renunciado a esta nomenclatura, y prefieren hablar de educación y sexualidad saludable. Emilio López Bastos, psicólogo y vicepresidente de la Sociedade Galega de Sexoloxía, lamenta que esta educación esté prácticamente apartada de las aulas, salvo en talleres u obradoiros que voluntariamente demandan los centros.

Porque educación sexual es, dice Bastos, «enseñar a niños de tres, cuatro o cinco años la afectividad y que aprendan a detectar y evitar los abusos sexuales». A los seis o siete es momento de trabajar la comunicación abierta con los padres, el respeto a la diferencia y a la diversidad o el cuidado del cuerpo y la salud. Y ya cuando el alumno llega a su adolescencia, a partir de los 12 años, la educación sexual debe incorporar los cambios corporales, las señales de atracción o cómo interpretarlas. Esta educación, apunta Bastos, debe comenzar a los tres años y llegar a la universidad, «porque seamos abogados, maestros o periodistas, la sexualidad siempre va a estar flotando al ser una dimensión que afecta a todas las parcelas de la vida de la persona».

En Francia, publica Le Monde, vuelve la polémica sobre la educación sexual en las escuelas. El debate oscila entre los que defienden que «a cada edad, su parte de verdad» y los que creen que los colegios deben centrarse en las matemáticas y el francés, y que no hay por qué anticiparse a las necesidades de sus hijos.

En Galicia no hay una asignatura de educación sexual como piden los sexólogos. Los contenidos son transversales y están muy relacionados con el respeto a la diversidad y el rechazo a los comportamientos sexistas. En primaria se establece como uno de los objetivos del currículo «desenvolver as capacidades afectivas en todos os ámbitos da personalidade e as relacións coas demais persoas [...], así como unha actitude contraria aos estereotipos sexistas e de discriminación por cuestións de diversidade afectivo-sexual».

En cuanto al currículo de secundaria, en este caso sí se menciona explícitamente como una de las finalidades de la etapa el conocer y aceptar el funcionamiento del propio cuerpo y el de las otras personas, «e coñecer e valorar a dimensión humana da sexualidade en toda a súa diversidade», dice la norma.

Para el vicepresidente de la Sociedade Galega de Sexoloxía esto no es suficiente. Al final los jóvenes recurren por curiosidad y dudas al porno «e interiorizan unos valores muy distorsionados que desvirtúan el concepto de sexualidad que después desarrollarán». Hay además, lamenta, un modelo de pornografía muy pernicioso que no trabaja la fantasía, el deseo sexual o los distintos patrones que siguen las personas, sino que «es una sexualidad basada en el impulso físico». López Bastos asegura que tanto la red de centros Quérote de la Xunta como otras asociaciones colaboran con colegios o institutos para hacer talleres sobre sexualidad.

Porque los adolescentes sabrán poco de educación sexual, pero uno de los principales problemas es que se creen que lo saben todo. Hace más de un decenio que el Instituto Nacional de Estadística no publica su encuesta sobre hábitos sexuales, en la que preguntaba por la comunicación entre padres e hijos a la hora de hablar de estos temas, pero un estudio realizado en Valladolid y financiado por la Asociación Española de Pediatría de Atención Primaria refleja que los adolescentes creen saber más de lo que demuestran con sus actos.

Más del 80 % de los jóvenes de entre 13 y 18 años aseguran tener información buena o muy buena sobre sexualidad, pero un 9 % admite no usar métodos anticonceptivos en sus relaciones. Además, un 21 % ha tenido que utilizar la píldora del día después u otro anticonceptivo de urgencia. Otro dato a tener en cuenta es que un 3,6 % de los adolescentes de 13 a 18 años declaran haberse quedado embarazadas o haber dejado embarazadas a su parejas. La conclusión de los autores no deja lugar a dudas: «A pesar de considerarse suficientemente informados sobre sexualidad e infecciones de transmisión sexual, los adolescentes presentan comportamientos de riesgo en sus actividades sexuales».