El fin de la imagen devastadora de la heroína favorece la vuelta al consumo

maría cedrón REDACCIÓN / LA VOZ

SOCIEDAD

Xoán A. Soler

El incipiente incremento en Galicia es parte del alza de la demanda a nivel mundial

18 may 2019 . Actualizado a las 16:57 h.

«Veo conocidos del barrio que últimamente, con cuarenta años, han vuelto a recaer. Pero también veo algún que otro chaval de 20 o 25 años que ha empezado a fumar chinos. El ambiente donde se mueven les lleva a meterse en eso. No saben lo que es. Piensan que es un juego más». El barrio del que habla este hombre de 41 años está en A Coruña. Él vive ahí. Cuando era niño tenía un sueño. Quería ser bombero, pero antes de poder apagar su primer fuego, el jaco lo quemó. Luego vinieron las pastillas, la coca... «Me enganché en los noventa, cuando tenía 14 años. A los 19 empecé con la metadona. En el 2004 me quité. La heroína te destroza. Ahora empiezo a acercarme de nuevo al mundo», dice este usuario anónimo de la Asociación Ciudadana de Lucha contra la Droga (Aclad), en A Coruña.

Ha probado la fuerza destructora de ese caballo. Es mil veces más devastador que el legendario Bucéfalo, al que solo Alejandro Magno logró domar. Pero él no conoce a nadie que haya domado a la heroína. «Roba tu vida. Roba todo», repite moviendo la cabeza de un lado a otro. De pronto se detiene y mira al suelo: «No entiendo cómo la gente de ahora, con toda la información que hay, puede meterse en esto. Va a ser su ruina. Todo el dinero que tengas lo vas a gastar en eso. Te va a destrozar a ti y a toda tu familia. No van a poder controlarlo, ni van a poder salir». Entonces vuelve a alzar la mirada y mira a los ojos: «Es la ruina».

XOAN A. SOLER

Las escenas que describe marcaron a toda una generación, la que vivió la epidemia que arrasó familias en los ochenta y noventa. La que identificó el jaco con fantasmas con chándal que tomaban las esquinas armados con latas de cerveza y algo más. El pasado lunes por la noche, sobre las nueve, uno de esos fantasmas deambulaba por las calles de la Sagrada Familia, un barrio de A Coruña. Parecía un espectro que había regresado del pasado, de los años ochenta, cuando muchos chavales curiosos se subieron a este caballo salvaje. El que acabó con la práctica totalidad de los jugadores del equipo Déjadnos Vivir, de Vilanova. O el que segó a prácticamente una generación en Arousa o Monforte. El hombre caminaba apurado. Iba de aquí para allá. «¿Tienes pluma?», preguntó a otro que salía de un bazar. La respuesta no le sacó de su desesperación. El hombre, o su fantasma, continúo su periplo desesperado por las calles del barrio hasta refugiarse en un portal. Allí esperó un rato. Se desesperó y se cobijó en una cabina telefónica. A dónde fue luego. No se sabe.