A la hora de los vinos o del vermú, en el bar se oían cánticos y se notaba un jolgorio como el de los aficionados en las gradas de un campo de fútbol cuando gana su equipo. «Cas cuuu doooo, Cas cuuu doooo, Cas cuuu doooo», decían unos, mientras otros se atrevían a cantar A rianxeira. No era para menos, ya que el bar Cascudo, abierto desde 1993 en San Xoán de Alba, había vendido 50 series del 71198.
Corrían el champán y la cerveza, pero José María Eimil Paz, que montó el negocio con su mujer, se lo tomaba con bastante tranquilidad, como si tanto ajetreo no fuese con él. Su hijo le había dicho, horas antes, que había tocado el primer premio en el bar, y a él le había costado creerlo. En el establecimiento hay una peña que desde hace tiempo juega un número con terminación en 8, y esta vez la apuesta salió redonda. El número empezó a venderse en agosto, y no llegó al local de una sola vez, sino en varias, a medida que iban apareciendo más compradores.
Una recompensa económica para «xente normal, traballadora, que necesita os cartos» A los dos hijos del dueño, David y Patricia Eimil, les correspondieron sendos décimos, igual que a otros miembros de la familia. Mientras su hermano saludaba a clientes y a amigos con los que compartía la felicidad de la jornada, Patricia Eimil no tenía muy claro qué hacer con el dinero, aunque sí reconocía una «emoción incrible» y sabía cuáles serían sus planes para hoy: «Traballar, fixo». De todos modos, algunas ideas para el futuro sí mostraba: «Agora poderemos coller unhas vacacións, digo eu». «E reformar o bar estaría ben», aseguraba.
También tenían una cierta idea del destino del dinero Antonio José Otero y Cristina Rodríguez. «Tapar furados. Xa se irá vendo», decía él. La pareja volvió ayer a Vilalba desde Cee, donde vive. «Chorei moito da emoción», afirmaba ella, añadiendo que ambos, como otros muchos, estaban «superfelices». Su premio es el correspondiente a un décimo y medio. «Alegreime moito: é xente normal, traballadora, que necesita os cartos», subrayaba Cristina Rodríguez.
A José Campello, vecino de la parroquia de Belesar y poseedor de dos décimos, no se le pasaba por la cabeza cerrar su empresa: «Non se pode deixar de traballar», comentaba. Más bien le apetecía pensar en comprarle un apartamento a una hija suya que vive en Ibiza desde hace siete años. La acompañó a Baleares cuando ella se marchó, y no volvió más a esa isla. «Non hai presuposto», explicaba. En su cara no había las expresiones de júbilo de otros vecinos, algo que él aclaraba: «Son así, serio», decía, aunque admitiendo a la vez que estaba «moi contento».
Un décimo era lo que le había tocado a Jorge Díaz, vecino de la parroquia de Soexo que por primera vez sabía lo que era ganar un premio en el gordo de Navidad. ¿Qué hacer con el dinero?: «Aínda non o pensei». Mientras tanto, los asiduos del bar seguían cantando, brindando y entonando cantos, aunque puede haber, dentro de unos meses una celebración que quizá refleje la llegada de dinero extra a la parroquia de Alba. En marzo tendrá lugar la Festa da Xuventude y no se descarta, por lo que se comentaba ayer en el bar, que se contrate alguna atracción sin pensar solo en cuadrar los números del presupuesto.
Mientras tanto, la alegría desbordante, con chubascos de champán que mojaban periódicamente el local, no impedía un comentario sobre el final de un viernes tan feliz: «A ver quen frega hoxe», se oyó decir.