Iván Raña: «No me enamoro casi nada»

El atleta gallego no cree que la fiebre del «running» sea pasajera porque «hace que te sientas mejor»


No parece Iván Raña (Ordes, 1979), un tipo al que le guste perder el tiempo. Hablador y vitalista, una charla con el campeón es como un pequeño curso acelerado de buenas ideas para vivir mejor. Da la impresión de que Iván ha encontrado la fórmula de divertirse en la vida.

-Acaba de regresar del Ironman de Hawai, ¿cómo le fue?

-Acabé en el puesto 11. Salvamos los muebles. Empecé bien, pero me costó aguantar el tirón. Tenía otras aspiraciones, pero el 11 del mundo no está mal, ¿no?

-Eso del Ironman [3,86 kilómetros nadando, 180 en bicicleta y 42,2 de carrera a pie], ¿no es ya un poco demasiado?

-Eso me decían del triatlón en 1998 y ahora lo hace todo el mundo. Hace 100 años, cuando el tren cogía los 40 kilómetros por hora, había gente que se tiraba en marcha porque no soportaba esa velocidad. Y hoy vas a 140 de pasajero en un coche y te quedas dormido.

-Es verdad. Ahora parece que todo el mundo corre. ¿Es una moda que pasará?

-No lo creo. Correr hace que te sientas mejor, que vayas menos veces al médico. No será algo pasajero.

-¿Y usted que prefiere, correr, nadar o ir en bici?

-Correr a pie me encanta. Es una sensación brutal: descalzo, por la playa... Es la sensación más guapa. La bici te da más adrenalina, porque si bajas a sesenta por hora, por una carretera mojada, por un pueblo... eso te pone superencendido porque si te relajas hay caída. La natación es más monótona. Aunque cuando consigues nadar sin pensar en el cansancio, hacerlo entre olas, entre peces, es una sensación maravillosa. Pero si tengo que elegir, prefiero correr por el monte.

-También corre ralis. Está claro que lo suyo es la velocidad.

-Me gusta entender lo que pasa en el coche. Si te calientas en la primera curva, estás fuera, así que tienes que sentir el asfalto, adquirir un conocimiento del vehículo que te dé el control. Es muy entretenido.

-¿Dónde guarda las medallas?

-Buf. Antes, en casa de mi madre, pero llegamos a acumular tantas que acabamos llevándolas a reciclar. Es que somos cinco hermanos y mis padres también corren.

-¿Sus padres?

-Sí. Mi madre tiene 60 años y mi padre casi 70. El otro día fue de Ordes a Fisterra y volvió. Casi 200 kilómetros. En el día.

-Cuénteme una travesura que hiciera de pequeño.

-Una vez, con mi hermana Natalia, tapamos con algodón todos los desagües de la casa y abrimos todos los grifos. La idea era convertir la casa en una piscina. Vivíamos en un piso, en el quinto. Conseguimos casi un palmo de agua, que bajaba por las escaleras hasta la planta baja.

-Aquel día lo canearían.

-Ya lo creo, ja, ja. Mi madre tiene una foto en la que estoy con mi hermana con bañador y con katiuskas.

-¿Le gusta cocinar?

-Sí. El pollo me sale bien. Al vapor y con verduras.

-Ya le tiene que salir bien, ya.

-Hace dos años decidí cambiar mi alimentación. Me quité del pan, la pasta, los carbohidratos. Al principio me sentía vacío, pero me afinó más el cuerpo, me ha hecho más fondista y me noto más sano.

-¿Le gusta el fútbol?

-Regulín. Me gusta más jugarlo que verlo.

-¿Cuál es su equipo?

-No tengo equipo.

-¿Qué le gustaría hacer que no ha hecho?

-Correr más en ralis. Me gustaría encadenar tres o cuatro carreras.

-Los ralis son caros. Y el Ironman seguramente también...

-Todo requiere su esfuerzo. Si necesitas dinero vas a tener que romperte la cabeza para conseguirlo. Pero si te apasiona, lo vas a conseguir. Yo en Ordes no tenía piscina ni tenía nada, pero ahora tengo 38 años y sigo en la élite de mi deporte. La ilusión me hace estar ahí. Si algo te gusta de verdad, hazlo. Parece una charla motivacional, pero es así.

-¿Se enamora mucho?

-No, no me enamoro casi nada. Me cuesta, pero somos los más vulnerables.

-¿Qué hace mal?

-Organizarme a veces. Cuando fijo un objetivo dejo las otras cosas de lado. Pero lo estoy mejorando con la edad.

-¿Tiene tatuajes?

-Tatuajes no, cicatrices sí.

-Usted ha viajado mucho, ¿cuál es su lugar favorito?

-La Palma. Es un sitio que me encanta. Y Hawai. Tiene una naturaleza exuberante y está llena de contrastes.

-¿Qué se pone para dormir?

-Normalmente lo hago en pelotas. O, como máximo, con un pantalón de correr. Odio los pijamas.

-Una canción.

-Dolores se llamaba Lola, de Los Suaves.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Conocerte. Y sacarte la careta contigo mismo.

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