Nace una nueva astronomía

La observación de ondas gravitacionales y luz permite estimar la velocidad de expansión del universo


georgia / e. la voz

El 14 de Septiembre de 2015 marcó un hito en la historia ciencia: el nacimiento de la astronomía de ondas gravitacionales. El ser humano observó por primera vez la diminuta deformación del espacio-tiempo causada por estas débiles ondas, provenientes de la fusión de dos agujeros negros hace unos 1.300 millones de años. Se abría una nueva ventana al universo. Desde ella hemos visto hasta ahora otras tres fusiones de agujeros negros y hemos podido empezar explorar un lado completamente nuevo del cosmos.

El 17 de Agosto del 2017, nuestros detectores observaron una señal similar a las anteriores, pero más duradera en el tiempo, que llamamos GW170817. Su mayor duración indicaba que su fuente era más ligera que la de las señales anteriores: ¡quizás fuesen dos estrellas de neutrones y no dos agujeros negros! Segundo y medio después de detectar GW170817, nuestros colegas astrónomos vieron con sus potentes telescopios señales de rayos gamma provenientes de una posición similar en el cielo. Acabábamos de detectar, por vez primera, un evento cósmico mediante sus señales electromagnética y gravitacional: no podía tratarse de dos agujeros negros, ya que estos no emiten luz. Como mínimo, de los dos cuerpos que estaban produciendo esa señal, uno debía ser estrella de neutrones. Con toda probabilidad, los dos debían serlo.

Por extraño que suene, aunque localizado a 120 millones de años luz, GW70817 nos permite averiguar cómo se comporta la materia en distancias diminutas. Las estrellas de neutrones son cuerpos extremadamente densos: pesan lo mismo que el Sol, pero tienen un tamaño de unos 15 kilómetros. Una cucharadita de este material pesa unos diez millones de toneladas. La señal nos ha permitido estimar cómo de elásticas pueden ser las estrellas de neutrones y empezar a entender la física que las gobierna.

Se abre la caja de Pandora

La observación conjunta de la señal luminosa y gravitacional supone un enorme paso hacia adelante en la astronomía. Por ejemplo, medir el distinto tiempo que tardaron llegar a la Tierra nos permite comprobar si, como predijo Einstein, la gravedad viaja a la velocidad de la luz. Estudiar ambas señales por separado también nos ha permitido estimar la velocidad a la que se expande nuestro universo, de un modo distinto a los utilizados hasta ahora.

GW170817 marca el inicio de la era de la astronomía de multimensajeros. Existen otras fuentes que esperamos poder estudiar, como las supernovas o parejas de agujeros de negros y estrellas de neutrones. Sin embargo, lo más interesante serán las sorpresas que nos esperen en la caja de Pandora que acabamos de abrir.

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