La maternidad aún obliga a elegir

Una de cada cinco madres han reducido horas de trabajo para atender a sus hijos, cambio que solo han llevado a cabo un 2 % de los padres para conciliar

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redacción / la voz

La eficiencia no se mide en horas. Eso es algo que tiene claro Tania Barral pero, como dice, «parece que todavía es algo que no han llegado a entender la mayor parte de las empresas». A ella le encantaba su trabajo. Estudió Derecho e hizo un máster en Comercio Exterior, vivió en Londres con su marido y trabajó en el sector de las relaciones internacionales en una compañía de Vigo. Un día quiso ser madre. No lo dudó. Pero quería ser ella la encargada de educar a su descendencia y no dejar que una persona ajena a la familia ejerciera esa función. Entonces tuvo que elegir.

«Dejé el trabajo y busqué algo que me permitiera pasar más tiempo con ellos. La mayor parte de las empresas tienen todavía jornada partida. Como muy temprano, podría salir a las 19 horas. Mi esposo está en una firma del sector de la madera y tiene la jornada partida. No tendría tiempo para criar niños como me gusta hacerlo de haber continuado allí. Ahora doy cursos de formación para el Servicio de Empleo. No trabajo de forma continuada, pero me da más tiempo para conciliar», explica esta madre que vive en Vilagarcía, donde trabaja su marido. Casos como el suyo son más comunes de lo que parece.

Más tipos de contrato

Según los datos publicados esta semana por el INE correspondientes a julio del año pasado, un 20,9 % de las mujeres españolas han reducido el número de horas de trabajo para cuidar a sus hijos. En el caso de los hombres, el índice es solo de un 2 %. «Todavía hay muchas diferencias en este terreno entre hombres y mujeres. Tendría que haber más flexibilidad en cuanto a tipos de contratos y horarios. No se han dado cuenta aún las empresas, aquí en Galicia, de que una madre o un padre pueden ser mucho más eficientes que otro trabajador. Solo porque quieren acabar cuanto antes para estar con sus hijos. No pueden permitirse perder el tiempo o estirar la jornada laboral hasta la hora de ir a tomar una caña antes de ir a casa», apunta Tania.

No es la única que cambió su empleo para poder conciliar mejor. Irene Miguens también lo hizo. «Dejé el trabajo para poder conciliar y ahora estoy preparando un nuevo proyecto que me dé la oportunidad de hacerlo», dice. Porque los horarios laborales, como creen, no están adaptados al nuevo ritmo social que marca el hecho de que la mujer se haya incorporado de modo generalizado al mercado laboral. Tampoco los tipos de contrato.

Y a Vanesa Rodríguez la maternidad le hizo dar el paso de convertirse en autónoma y montar su propio estudio en Ourense, PhisioVértex, donde da clase para preparar el parto o recuperarse de él, entre otras cosas. «No cambié de sector, lo que hice fue convertirme en autónoma para tener más libertad. Al tener mi propio centro, dispongo de más autonomía, aunque pase aquí muchas horas. Soy autónoma para conciliar», dice.

No todas las mujeres trabajadoras cambian sus prioridades laborales con la maternidad. Para muchas la diferencia es el modo de enfrentar el día a día.

Lo explica la presidenta de la Asociación de Mujeres Empresarias de Galicia, Susana Pérez, que explica que en su caso «no cambiaron las prioridades, lo que cambió fue la perspectiva». Añade que «lo que antes era algo a lo que dabas mucha importancia, ahora lo sueles ver solo como una tontería».

Ella pasa muchas horas en el trabajo y no quiere renunciar a su carrera. Tiene dos empresas, una consultora y otra de embutido ibérico. Además está a cargo de un colectivo empresarial, pero cuando llega a casa apaga el teléfono: «A la familia hay que dedicarle tiempo y de calidad».

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