No diga gordo, llámelo meiga

El sorteo de Navidad dejó en Galicia una magra cosecha, 5 millones; muy repartidos, eso sí


redacción / la voz

Galicia le tiene fe al gordo de Navidad. Los hijos de Breogán le han entregado sus dineros desde tiempos inmemoriales con la devoción del buen feligrés: 163 millones en el 2015 (un poco más de lo que costó la autovía de la Costa da Morte), 164 millones en el 2014 (la ampliación de Rande), otro tanto en el 2013 (casi un hospital como el Lucus Augusti)... Y así cada 22 de diciembre. Vamos, que, con el pastizal que le hemos dedicado al asunto, nos habría dado para levantar una versión enxebre de Eurodisney: ¿Galidisney? Ocurre que el sorteo extraordinario lleva años siendo un tanto esquivo al oeste del telón de grelos, y ayer mantuvo sus caprichosos recelos. Apenas dejó 5,2 millones de los 2.310 que repartía (el 0,2 % de lo que estaba en juego). Y eso que los gallegos le habíamos vuelto a demostrar fervor. Con 167 millones del ala, para ser exactos. Como siga porfiando en esta infidelidad, urgirá rebautizar la cita. Ni gordo ni flaco: meiga, que aquí no hay quien lo cate.

La millonada se fue ayer de nuevo a Madrid, que otra cosa no, pero por los bombos del mundo comparece con flor. Que se lo pregunten a Florentino si no. Y ayer lo hizo además con un número a prueba de supersticiosos: 66513. Tiene delito la cosa.

En Galicia, la cosecha del sorteo extraordinario fue magra magra. Apenas cinco kilos, los mismos que en el 2013. Quien busque consuelo podrá recordar el infortunio del 2010, apenas 4,13 millones. Nada que ver con los 24 del 2014, o los 11 del año pasado, que tampoco son como para tirar cohetes, pero visto lo visto... Que la miramos con cariño es incontestable, ¿eh, diosa Fortuna?; ahora bien, lo suyo ya es harina de otro costal. A ver si se estira un poco, estimada deidad, que ya nos va tocando... Mire, Reyes está a la vuelta de la esquina.

Desde primera hora quedó claro en las tierras de Rosalía que igual aparecía la lluvia, pero no iba a ser de millones. Llevaban los niños de San Ildefonso cantando un cuarto de hora cuando se detuvieron en el 59444. Cuarto premio. Vendido en Lourenzá, Vilalba, Vigo, Ponteareas y Valga. ¿Festival? Así así. Salvo una serie completa en Lourenzá, en el resto de las localidades no había más que décimos sueltos. Mucho ruido, pero pocas nueces.

En realidad, este fue el sino del sorteo. Galicia mojó en el segundo premio, en uno de los dos cuartos y hasta en seis de los ocho quintos, pero en la mayoría de los casos no fueron más que décimos sueltos vendidos por ventanilla, con lo que la traducción a cuartos fue más bien modesta.

Hasta las 11.21, de hecho, pintaban bastos. Apenas unas migajas de esos 2.300 millones que había en el bombo. El segundo premio, el 04536, alivió un tanto el calvario. Roció por Galicia una cantidad más bien modesta para la ocasión, 2,3 millones, eso sí, llamativamente repartida: Neda, Mazaricos, Boqueixón, Carballo, Coristanco, Ordes, Santiago, Ponteareas, Moaña, Moraña, Escairón, A Pontenova, Ourense... Con esto de los décimos por ventanilla, aquí ya nada es lo que era.

Agonizaba el sorteo y lo recaudado no daba ni para el solar de Galidisney. Era la una y pico del mediodía y el sempiterno optimista que todos llevamos dentro se paseaba sin disimulo por los hogares y oficinas gallegas. Que si la salud, que si el amor, que si más se perdió en Cuba... En esas estábamos cuando dos de los críos de San Ildefonso cantaron el premio que clausuraba la cita, otro quinto: el 0337. El número de los taxistas de Ames.

Los autopatronos consumaron al fin una de esas estampas clásicas del día: cava, sonrisas, planes de futuro... Repartieron dos millones por el pueblo y protagonizaron la única tractorada festiva de la jornada en Galicia. Para los demás, consuelo: buen amor y buena muerte, no hay mejor suerte. O eso es lo que dicen...

Pedreas y reintegros aportaron más dinero que algunos grandes premios

Que la jornada de ayer no fue demasiado propicia para los apostantes es un hecho. Lo acredita algún dato curioso, como que las pedreas y los reintegros dejaron en Galicia más dinero que algunos de los considerados grandes premios. Ocurrió en A Coruña, por ejemplo, donde una administración local vendió 250 series de un número terminado en 13, el del gordo, con lo que repartió entre sus clientes 300.000 euros, un pellizquito. Algo similar pasó en una administración de Vilagarcía, que distribuyó entre sus clientes 86.000 euros correspondientes a las terminaciones de varios números.

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