«Te amo, pero si engordas, rompemos»

alberto mahía A CORUÑA / LA VOZ

SOCIEDAD

Los disparatados contratos prematrimoniales del famoseo norteamericano no tienen cabida en España, donde solo se puede pactar el reparto económico o la custodia

26 sep 2016 . Actualizado a las 07:34 h.

«Juro serte fiel, amarte, cuidarte y respetarte, en lo bueno y en lo malo, en la riqueza y en la pobreza, en la salud y en la enfermedad, todos los días de mi vida». Esto, para muchos, es una paparruchada. Pero para otros, qué pasaría entonces si al novio, una vez casado, le sale la papada de un pelícano. ¿Aguantar y ponerle pescados en la boca? Y si a ella le sale un pelo en el bigote que daría para cerrar la bolsa del pan Bimbo, ¿habría que tomárselo a guasa? Pues no. Hay quien deja claro y por escrito las más rocambolescas condiciones para seguir juntos.

Por ejemplo, unos que acaban de romper, como son Angelina Jolie y Brad Pitt. Antes de ponerse frente al altar ya tenían pactado que en caso de separación cada uno se llevaría la fortuna con la que llegó al matrimonio y que el dinero generado durante el tiempo que hubieran estado casados se dividiría en partes iguales entre sus seis hijos. Pese a que se desconocen todos y cada uno de los condicionantes que habían puesto en el contrato prenupcial, se rumorea que también se hace alusión a los cuernos, contracuernos y demás deslices.

Vamos a trasladar la pregunta al párroco de Bañas, Manuel García Lamelas. ¿Es eso católico? «Por supuesto que no», recalca, si bien precisa que «es cierto que en estos tiempos la sociedad siente como algo casi normal la ruptura de un matrimonio». Cree que «hay situaciones de pareja que pueden resultar irreconciliables (malos tratos, vejaciones...) y eso hay que entenderlo. Pero de ahí a dejar por escrito tonterías como que la relación se rompe si uno engorda tres kilos o la otra se tiñe el pelo hay un mundo. Eso no es cristiano».

¿Qué es entonces? Pues es una cosa que se puso de moda entre las estrellas o no tan estrellas norteamericanas -solo en algunos estados se les permite- para dejar bien clarito que el más disparatado cambio en el cónyuge una vez consumado el matrimonio (gordura, flacidez, apego al adulterio, un grano mal colocado o una sobrevenida pereza sexual) supone dar viento a las nupcias. El asunto ha llegado a tal extremo que en aquel país funciona la figura del wedding planner, un profesional que instruye a los novios a la hora de redactar el contrato.

Madonna y el sexo

A él recurrió, por ejemplo, Madonna. Su exmarido, el cineasta Guy Ritchie, estaba obligado a dedicar varias horas a la semana a la lectura de la Cábala, permitía las infidelidades siempre que fueran con precaución y le forzaba a tener una cantidad determinada de relaciones sexuales a la semana.

Es una forma de dejar bien atado lo que le gusta a cada cónyuge y por lo que no estaría dispuesto a pasar. Por lo que pueda venir después, por si los años convierten a aquel marido que parecía esculpido por el propio Miguel Ángel en una estatua de Botero, por si lo invade la alopecia o por cualquier cosa que sobrevenga debido al paso del tiempo o de las hormonas.

El acuerdo entre el famoso fundador de Facebook y Priscilla Chang incluyó desde su noviazgo, a petición de ella, que se vieran en persona una vez por semana y un mínimo de una hora. Entre Denisse Richards y Charlie Sheen el acuerdo incluía que ella recibiría 4 millones si él le era infiel. Por supuesto, se hizo millonaria. Pero mucho menos que lo que recibió Elin Nordegreen de Tiger Woods, que por lo mismo recibió 350 millones.

En España y el resto de Europa uno va al altar mucho más enamorado y dispuesto a lo que venga. Un país en el que se produce una ruptura cada cinco minutos y 290 cada día. Lo explica María Paz García Rubio, catedrática de Derecho Civil en la Universidade de Santiago. Expuso que «los llamados acuerdos prematrimoniales, muy conocidos y utilizados en algunos países como es el caso de Estados Unidos, carecen de autonomía conceptual en el Derecho español en el que, como en otros estados europeos, la autonomía de la voluntad de los futuros esposos ha encontrado su expresión a través de contratos conocidos como capitulaciones o capítulos matrimoniales».