La trucha común y el salmón atlántico son los únicos salmónidos autóctonos que habitan en la península Ibérica, y lo son desde tiempos muy antiguos. Es indudable su importancia en nuestra cultura, ya que su interés abarca diversos ámbitos: culinarios, deportivos, de ocio, ecológicos, científicos. El declive de las poblaciones de salmón en los años 90, el descenso generalizado de las truchas en los últimos tiempos y las obligaciones que normas de diverso ámbito dictan han provocado que su conservación y gestión se deba sustentar en datos lo más precisos posible. Por ello, en Galicia, desde hace unos 20 años se realizan inventarios de peces fluviales, funcionan estaciones de captura para el estudio de los peces migradores y se analizan las series oficiales de capturas tanto de salmón (desde 1949) como de reo (desde 1995). Todo ello con el único objetivo de estudiar la evolución de sus poblaciones y así tratar de adoptar las decisiones más adecuadas en cada momento. El salmón en Galicia experimento una mejoría al inicio del siglo XXI, coincidiendo con la aplicación de medidas de mejora de la accesibilidad, control de la pesca y repoblaciones con salmones de cada río.
Pero la situación de la trucha, tanto de la sedentaria como del reo, parece haber entrado en retroceso. Así, los pescadores se preocupan y algunos se quejan de que la administración solo aplique medidas restrictivas en la pesca fluvial, cuando existen otros factores más perjudiciales. Es obvio que la pesca no va a causar la desaparición de poblaciones y que esta actividad puede resultar positiva de cara a su conservación, pero también es cierto que vedas y otras restricciones favorecen la recuperación de poblaciones. No debemos olvidar que el objetivo final es conservar nuestros frágiles ecosistemas fluviales y para ello se debe actuar desde varios frentes, la administración con la responsabilidad que le corresponde, pero también el resto de la sociedad debe afrontar las suyas. Si todos somos responsables, los peces seguro nos lo agradecerán.