Marisol Padín fue de las primeras viticultoras que se sumaron a la denominación de origen Rías Baixas. Hoy muestra todo su saber en su albariño 12 Cuncas
07 may 2016 . Actualizado a las 05:00 h.La viticultura en casa de Marisol Padín es cosa de mujeres. En un mundo dominado tradicionalmente por el sector masculino, su abuela fue una de las grandes productoras allá por los años 50. Elaboraba «cen pipas de viño tinto», explica, cada una de las cuales tenía capacidad para 750 litros. Ella se quedó con parte de sus plantaciones como herencia y cuando Rías Baixas puso en marcha la denominación de origen, no dudó en ser de las primeras en apuntarse. Fue, exactamente, hace treinta años. Un 7 de mayo, Marisol pasó a ser la viticultora número 49 en una denominación que llegó a tener más de seis mil profesionales inscritos. Ahora, además de cultivar la uva elabora su propio vino. 12 Cuncas quiere ser «un guiño» a los ancestros, a toda esa tradición que atesora Marisol.
Cuando esta cambadesa se acercó al mundo del vino el albariño era una variedad residual, «da que facíamos media pipa. Era para consumir no mesmo ano porque se non non aguantaba», relata. Y es que, entonces, «se facía igual que o tinto, ía en barrica de roble e non usábamos os microsulfitos nin se trasfegaba ata embotellar», explica. Era una época en la que «a principal fonte de información era a tenda agraria, na que sulfatabas cando vías ao veciño e no que para vendimar non se miraba o grao», relata. Era el tiempo en el que si el verano venía con demasiado calor, «había que regar as adegas».
Hace treinta años, todo eso comenzó a quedar atrás. A pesar de que su marido era hotelero y ella empezó de peluquera, nunca abandonó el mundo de la viticultura. Y cuando se puso en marcha la denominación de origen, fue de las primeras en sumarse. «O viño sempre o traballamos, xa era da familia. Primeiro foi o tinto e despois, o albariño», argumenta. Cambió todas sus cepas y mantuvieron esa tradición de hacer vino para casa, al tiempo que vendían la uva sobrante. En todos estos procesos estaba presente Marisol. «Góstame todo, cultivar a vide e que che saia unha boa colleita», añade. Reconoce que las cosas han cambiado mucho «antes eras autodidáctica, agora hai que ir á universidade», relata. Pero ella ha sabido adaptarse a los nuevos tiempos. Para el cuidado de la vid cuenta con la ayuda de un profesional, «aplicamos os mellores tratamentos e a calidade da uva é moito mellor», sostiene.
Cuando el precio de la uva albariña dejó de ser rentable, Marisol decidió dar un paso más y poner a la venta su propia marca. Reconoce que entrar en un mercado como el de Rías Baixas, con 187 bodegas, no resulta sencillo. Pero ella lo hizo apelando a todo ese saber acumulado a través de generaciones. «Vendimiamos sempre pola tarde, para evitar o frío da mañá», explica. Ya en bodega, «facemos unha elaboración moi tradicional, con moito tempo nas cubas, sen acelerar os procesos», relata. Por ese mismo motivo nunca embotellan antes de julio o agosto, para darle al vino sus tiempos.
Esa tradición que atesora Marisol está presente hasta en el nombre elegido para el vino, 12 Cuncas. «É un guiño aos nosos ancestros, á tradición e é unha forma de que a xente saiba que é unha cunca», explica. Tiene también un punto didáctico pues la etiqueta, obra del pintor Eduardo Baamonde, informa de una cunca son 52 metros cuadrados y de que doce, componen un ferrado. Son las unidades de superficie que se llevan utilizando toda la vida en O Salnés. Las que usaba su abuela allá por los años 50 y la que, a día de hoy, sigue usando la propia Marisol.