El «Calatravasaurio» echa a volar

La terminal de transporte en el World Trade Center se inaugura entre la polémica


nueva york / corresponsal

La terminal de transporte diseñada por el arquitecto español Santiago Calatrava en el World Trade Center, que se inaugura hoy, es el centro de una enorme polémica en la ciudad. No siempre fue así, porque cuando se presentó su diseño el proyecto provocó una enorme admiración. Pero en los once años que han tardado las obras las opiniones han cambiado considerablemente.

El diseño se presentó en el año 2004. Solo habían pasado tres años desde el atentado que destruyó la zona en la que iba a ser construida, el World Trade Center, y Nueva York tenía muy reciente aquella herida. Calatrava explicó que el diseño simbolizaba una paloma puesta en libertad en las manos de un niño. El entonces alcalde de la ciudad de los rascacielos, Michael Bloomberg dijo que solo tenía una palabra para el proyecto: «Guau».

Los críticos de arquitectura lo alabaron sin excepciones. «Impresionante diseño», dijo el New York Times o «Importante aporte cultural para nuestra ciudad», según el crítico Michael Kimmelman. El proyecto tenía un presupuesto de 2.200 millones de dólares (dos mil millones de euros) y, a pesar de lo enorme de la cifra, lo que más destacaban todas las opiniones era la «espiritualidad» que el nuevo edificio iba a aportar a la zona baja de Manhattan.

Pero empezó a pasar el tiempo y comenzaron a llegar los problemas. Primero fueron una serie de cambios debido a dificultades técnicas y de presupuesto. Las primeras modificaciones se decidieron ya en el año 2005: se redujo la altura exterior y se amplió la superficie de apoyo. Con ellas, la imagen del Hub, como se le conoce en la ciudad, cambio considerablemente: «Ahora parece más un stegosauro que un pájaro», dijo el mismo crítico del New York Times que un tiempo antes la había ensalzado. La imagen del pesado dinosaurio cuya cabeza, lomo y cola estaban cubiertas de placas picudas comenzó a asociarse cada vez más con la obra neoyorquina de Calatrava.

En el 2008 hubo otro cambio esencial: se eliminó el mecanismo de apertura y cierre del techo que de alguna forma era la parte más interesante de la obra. La razón era que el presupuesto se había salido hacía mucho de sus límites y había que abaratarlo. A partir de aquel momento las alabanzas acabaron definitivamente y la nueva terminal solo provocó críticas negativas. La primera ha sido su precio final, casi cuatro mil millones de dólares (3.700 millones de euros). «La estación de cercanías más obscenamente cara del mundo y, posiblemente, la más fea», publicó otro diario local, el New York Post.

Y si la estética de la obra de Calatrava ha provocado rechazo, su funcionalidad ha despertado indignación. Las escaleras y las plataformas de espera son demasiado estrechas para la cantidad de personas que las utilizan en horas punta y el suelo de mármol se vuelve resbaladizo cuando algún líquido cae en él. Y todo ello para una estación con pocos usuarios.

Poco usuarios

El Tub de Calatrava es, sobre todo, la terminal del Path, el tren subterráneo que une Nueva York con Nueva Jersey, y además una conexión con el metro neoyorquino. Pero según la Autoridad Portuaria, de la que depende el transporte público de la ciudad, solo van a usarlo alrededor de 50.000 personas cada día, una cifra que parece alta, pero que no es nada si se la compara con la estación más transitada de Nueva York, Penn Station, por la que diariamente pasan 650.000 viajeros. Y a los neoyorquinos les parece excesivo haber pagado cuatro mil millones de dólares por algo que solo usarán unos pocos.

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