«Yo voy sin filtro»

La actriz, ganadora de un Goya, asegura que el premio le ha abierto muchas puertas, sobre todo frente a gente que no te conoce, «y de repente, te visualiza»


El encuentro con Nerea Barros (Santiago, 1981) es imposible. Tras citarnos y descitarnos varias veces, la actriz pierde el avión y se queda en Madrid. Se disculpa («Te debo un licor café o algo») y me compensa con una larguísima entrevista telefónica que me obliga a un doloroso ejercicio de síntesis. Nerea habla mucho. Pero mucho, mucho. Lo que sigue es solo un pequeño extracto.

-¿Que está haciendo ahora?

-Estamos preparando la segunda parte de Sol y Luna, un rodaje que se va a trasladar a Santo Domingo y tengo dos películas gallegas muy interesantes para el año que viene. También estoy preparando un cásting para hacer Trainspotting en teatro.

-El Goya le abriría muchas puertas.

-Sobre todo frente a gente que no te conoce y, de repente, te visualiza. Incluso a nivel internacional. En los premios del cine europeo me encontré en la misma alfombra que Christopher Waltz, ¡y me dio la enhorabuena! Me quedé como una groupie. Luego apareció Michael Caine. Imagínate, esa gente, a la que admiro tanto, están ahí y te felicitan...

-Creo que el otro día, en la alfombra de los Goya, tuvo otro momento así...

-Sí, ja, ja, ja. Con Tim Robbins. Es que imagínate que yo iba por allí intentando pasar desapercibida, porque solo iba a entregar un premio. Y cuando vi a Tim Robbins... me salió del alma. Me lancé a abrazarlo. El tío se partía de risa. Mi maquilladora me lo dice: yo voy sin filtro. Por cierto, luego tuve la oportunidad de hablar con él en una fiesta privada y es un tío supermajo, encantador. El año pasado me pasó lo mismo con Antonio Banderas.

-Por cierto, ¿dónde guarda el Goya?

-Lo tengo en mi escritorio, el lugar donde trabajo y me devano los sesos. Cuando me bloqueo, lo miro y me sirve como estímulo.

-¿Qué le pareció la ceremonia de este año? Ha habido críticas.

-Los Goya son algo maravilloso, pero este año ha habido mucho revuelo y se ha intentado juzgar a varias personas. Se han cometido errores que debemos corregir. Se ha ido muy encima de Dani [Rovira] y la gala no la ha hecho él solo.

-En la Wikipedia pone que usted es «actriz y enfermera»

-Yo siempre quise ser actriz. De pequeña no lo sabía, pero mi primer recuerdo es en el pasillo de mi casa con una bata de mi madre y unos zapatos de tacón paseando delante de los espejos. A los 15 años tuve la suerte de cruzarme con Xavier Bermúdez, que me eligió para Nena, y ahí se cumplió mi sueño de ser actriz. Pero también entendí que de ese sueño ya no me iba a bajar nadie.

-¿Y lo de enfermera?

-Mis padres quisieron que estudiara otra cosa por si fallaba lo de actriz. Y por eso hice Enfermería. Trabajar en un hospital me ha servido de mucho. Ayudar a los enfermos, a las familias... Te das cuenta de cuáles son los verdaderos problemas. Se puede tener mucha técnica, pero si no eres capaz de sentir lo que hay a tu alrededor, no eres capaz de hacer un buen papel.

-Ya lleva varios años en Madrid, ¿qué echa de menos?

-Todo. La tierra, la lluvia. Aquí la gente llueve tres días y se deprime. Están muy mal acostumbrados. Y la comida. Yo aquí, el pescado no lo toco si no es de mucha confianza. Los huevos me los manda mi madre, la verdura también.

-¿Y cómo hace?

-Por mensajero.

-¿Sabría preparar un buen caldo?

-En conexión wifi con mi padre, sí. Una vez, en Bali, vimos a un señor cómo sacaba unos pulpos del mar. Se los compramos y fuimos a buscar una botella de aceite de oliva que nos costó 20 euros y, para hacerlos, tuve que llamar a mi padre. Pero eso sí, comimos el pulpo a la gallega.

-Su pareja (Juan Ibáñez, una de las hormigas de «El Hormiguero») es también muy popular. ¿Se acostumbra a salir en las revistas?

-Es complicado. Hay cosas que valen la pena, pero otras no. A veces ves a un niño con los ojos llenos de lágrimas, y es maravilloso. Pero otro día igual sales por la noche y te encuentras con un borracho que empuja a Juan porque lo ha visto en televisión. Supongo que para Penélope Cruz y su marido es mucho más complicado. Nosotros estamos aún en un punto en que el equilibrio es posible.

-¿Qué es lo más importante en la vida?

-Estar bien con uno mismo y saber elegir y no hacer a los demás lo que no quieres que te hagan a ti y soñar y saber que hay que luchar; y...

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