Hasta pronto

El científico Ángel Carracedo se despide de los lectores de La Voz explicando cómo se forjaron sus artículos


Me da pena tener que despedirme de vosotros, queridos lectores, pero ya llegó la hora y este es el último artículo de la serie y como despedida me gustaría contaros cómo se forjaron. La vida de un investigador exige mucho esfuerzo, dedicación y movilidad. La ciencia es hoy día muy multidisciplinar y absolutamente internacionalizada. Un investigador, y más un director de grupo, no puede rehuir dar conferencias en congresos internacionales y reunirse con otros científicos para construir consorcios que diseñan proyectos de investigación que son presentados a agencias nacionales e internacionales para conseguir financiación, que, al igual que la publicación de los resultados de investigación, es muy competitiva. En mi caso, teniendo un grupo grande que mantener y áreas muy diversas de la genética, tengo que viajar mucho. Desde hace unos años, cuando vengo cansado de un viaje, porque a la ida voy a cien por hora preparando lo que tengo que hacer, me puse a escribir estos artículos pensando en mi madre, una lectora empedernida, aún a sus casi noventa años, y recordando las historias y libros que leímos juntos cuando yo era pequeño, porque teníamos la fortuna de que aunque nuestra biblioteca de casa no era muy numerosa, era sin duda la mejor de todo Santa Comba. Para mi madre fueron escritos y a ella van dedicados.

Aunque mis viajes son siempre en el menor tiempo posible, y no tengo tiempo nunca de hacer turismo, me permiten estar con amigos muy diversos -lo mejor que me ha dado la ciencia es que en casi cada ciudad tengo alguno- y observar realidades culturales muy distintas, disfrutar de ellas, aprender de nuestras diferencias y reflexionar sobre lo bueno y lo malo de cada una. Curiosidad y observación son las claves de la investigación y también de las reflexiones que surgieron en estas líneas.

El caso es que empecé a compartir esos escritos con la familia, la gente del grupo y algunos amigos y acabé atreviéndome -que aún no sé si hice bien- a publicarlas, y agradezco a La Voz esta oportunidad. Pero, claro, no los escribí todas las semanas. Ya tenía un peto de unos cuantos artículos hecho estos años. Cada vez que veía en un viaje una cosa que me hacía gracia, me llevaba a una reflexión. Aún recuerdo este verano, cuando un pescador de Louro, entre carcajadas, me decía: ¡Mentireiro! ¿Con que en Múnich, non? ¡Se non saíches do mar en toda a semana!

He aprendido mucho estas semanas y lo primero, a apreciar a los periodistas que tienen que escribir un artículo diario o semanal y sobre todo a hacerlo en un espacio reducido al que no es nada fácil limitarse. También aprendí que es diferente escribir para los amigos que para todo el mundo. Me da pánico poder ofender o hacer daño a alguien y por eso algunos artículos que tengo escritos tienen que quedar en la intimidad. Y es que hay culturas que soportan muy bien la crítica de algunas de sus características, como los ingleses, que les encanta reírse de sí mismos, y a otras, como los hindúes, les puede parecer fatal.

Ahora, cuando estoy volviendo de los viajes, estoy escribiendo esta vez en gallego y dedicando a mi padre todos mis recuerdos de mi niñez y juventud en Santa Comba, pero estos sí que no me atrevo a publicarlos: quedarán en la intimidad familiar. Voy a seguir escribiendo cada cosa que me llame la atención en los viajes y hacer un nuevo grupo de artículos para compartirlos pero solo cuando me surja -porque sé que ello es esencial para su frescura y espontaneidad- y dejando, como hice con estos, que reposen con el tiempo, como el buen vino, porque así mejorará su calidad.

No me quería despedir sin agradecer a La Voz que me haya dado esta oportunidad y a David Pintor y Carlos López -Pinto & Chinto- por las ilustraciones, y por cederlas también para un libro que me gustaría publicar para, si tiene algún beneficio, donarlo para investigación. Esto es, una especie de crowdfunding, pero con regalo. Y también a mi hermano Jesús, que me ha ayudado a editar los artículos y ponerlos en perfecto castellano.

Y por supuesto a todos los lectores, por vuestro apoyo y cariñosos comentarios. Espero que hayáis pasado momentos agradables con su lectura. En mis piezas, además de poner en relieve características distintas de las diversas culturas, de las que siempre se aprende, aproveché para lanzar mensajes de lo que opino de las cosas y resaltar aspectos buenos y no tan buenos de cada una. Y claro, se tuvo que notar que la nuestra me gusta mucho, y aunque tenemos defectillos, como nuestro individualismo o nuestra falta de organización, es también cierto que me parece que somos una gente tremendamente hospitalaria, humilde, trabajadora, soñadora y, cómo no, un tanto retranqueira, y que, como dice el anuncio de Gadis, podemos estar orgullosos de vivir como galegos.

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