La primera noticia de los neutrinos fue la postulación de una partícula que no se podía detectar. En un famoso discurso W. Pauli propuso esta descabellada idea en contraposición a N. Böhr para recuperar algo tan básico como el principio de conservación de la energía. Desde entonces hasta hoy no han dejado de sorprendernos.
Billones de neutrinos nos atraviesan cada segundo, al igual que a la Tierra o el Sol. A pesar de ello aún fueron descubiertos en 1956 (premio Nobel en 1995). Aunque esquivos para su detección, pueden servirnos para ver zonas ocultas del universo o incluso podemos soñar con usarlos para hacer una tomografía de la Tierra. Detectar los primeros neutrinos cósmicos, procedentes del Sol y de la explosión de una supernova en 1987 fueron grandes hitos (Nobel 2002). Pero no todos los neutrinos esperados por el sol fueron detectados, ya que dos terceras partes desaparecían misteriosamente. Los experimentos que se premian con el Nobel este año han demostrado que oscilan, no solo como onda asociada a la partícula. En una vuelta de tuerca más de la física cuántica contra la intuición sufren una metamorfosis de naturaleza, modificando sus propiedades cíclicamente. No sorprende que constituyan uno de los temas más candentes en la física, tanto la de partículas como la astrofísica y la cosmología. Científicos de Santiago y de todo el mundo hemos volcado grandes esfuerzos buscando neutrinos y desarrollando técnicas para detectarlos. ¿Cuál será el siguiente premio Nobel asociado a los neutrinos?