Visionarios del chiringuito

SOCIEDAD

MONICA IRAGO

Dejaron todo de lado para servir mojitos y sardiñadas a precios razonables, porque los abusos propios de otras zonas del país no se estilan en Galicia

29 ago 2015 . Actualizado a las 05:00 h.

Quien más y quien menos se ha planteado en algún momento de su vida dejarlo todo y montarse un chiringuito en la playa, pero pocos han llegado a hacerlo. Lo logran aquellos visionarios que, cumpliendo un sueño, alegran el verano y engordan la panza del bañista con propuestas originales. Y sin pasarse en la cuestión monetaria, porque constatamos que los precios alevosos de Formentera no se estilan en Galicia.

En la playa de A Lanzada (O Grove) está instalado uno de estos visionarios. Douglas Augusto es de São Paulo y estrena chiringuito este verano. De ambiente caribeño, la caipiriña y los zumos se toman aquí a ritmo de bossa nova, con la puesta de sol de fondo, sobre el mar. Douglas estudió Educación Física, pero le parecía «un poco aburrida. «Me gusta más estar con la gente», reconoce. Pasó por locales nocturnos, restaurantes y otros negocios hasta que abrió su primer chiringuito playero en la ciudad de Bahía.

Sus cócteles saltaron el charco en su mochila de viajero y llegaron a distintos lugares de Europa y África. En Vigo desembarcaron en el 2008, pero su sueño era tener un chiringuito propio. «Y encontré este lugar precioso», sentencia. Así montó su Pé na Praia.

A pocos metros de él encontramos a todo un veterano. Treinta y seis años lleva en A Lanzada Elisardo Vidal, conocido como El Alegre, nombre que preside su cenador, traído desde Chiclana (Cádiz) y en el que el churrasco y las sardinas se comen en bancos de madera y en mesas compartidas. Cada día, a la hora del almuerzo, numerosos bañistas llegan atraídos por el olor de las brasas. «Eu traballaba na construción -explica Elisardo-, empecei cunha caseta de obra na praia á que lle botabamos area no teito para que non se requentara. Despois fixen un quiosco de cemento e acabei neste, no que levamos xa 16 anos».

Otro chiringuito singular se encuentra al otro lado de la carretera. Es el de Adelina Escudeiro, Lita, una pescadera que alquiló el merendero Corsario hace cuatro años para llegar a la jubilación y que triunfa en él con su pulpo á feira y su paella. Además de servir comidas y bebidas, saca partido a la parcela -especialmente los fines de semana- como aparcamiento. Para los clientes es gratis. Tres euros para el resto.

Dando un salto hasta la ría de Arousa encontramos el Box Bar, un peculiar local metido en un contenedor marítimo que montaron tres amigos -un enfermero, un bombero y un médico- en la playa de Coroso (Ribeira). «En el hospital o apagando fuegos es complicado reírse y aquí lo hacemos cada día», señala el enfermero Diego Abeijón, quien reconoce, no obstante, que materializar su sueño no fue sencillo: «Facilidades no te dan», aclara.

A menos de dos euros la cañala cuenta

Tienen vistas, un local con personalidad y largas colas para probar sus especialidades, pero «aquí los precios no son un atraco porque lo que queremos es que la gente vuelva», dice Diego, del Box Bar. Trascendía hace unos días que una caña en un chiringuito de Formentera puede costar 7 euros, en el de Ribeira se sirve por 1,80 (1,50 el corto) y, si coincide con una de las muchas sardiñadas y barbacoas que hacen allí, sale gratis. A precio de ganga están también los zumos recién exprimidos de Douglas, que hace maravillas con la fruta fresca. Cuesta 3,50 euros la copa de 400 centilitros. Caipiriñas, daiquiris y otros cócteles no valen más que en cualquier otro local, 5 euros, y 4 la tapa de tortilla. También es posible dar una alegría al paladar probando platos típicos de la cocina brasileña, como la coxinha. El capricho cuesta 7 euros, con vistas incluidas y hasta música en directo. Pagar la cuenta no deja las carteras temblando en estos locales que, de boca en boca, van ganando clientela. «Hemos tenido aquí hasta un dominicano, y con estas cosas ves tu trabajo recompensado», concluye Diego.