25 años de dos conciertos históricos en Galicia

Prince actuó en el colegio Santa María del Mar de Coruña, en un recital memorable y Madonna vistió y sudó en Balaídos la camiseta del Celta y la bandera de Vigo


Prince fue rey una noche en A Coruña

Hubo un día en el que Galicia entró en el circuito internacional de conciertos. Mañana se cumplen 25 años de él. Fue el 29 de julio de 1990. En A Coruña actuaba Prince. En Vigo, Madonna. Dos de los mayores astros del cosmos pop marcaban un punto y aparte. Se habían podido ver en el pasado grupos guiris como Ramones o Uriah Heep. Nunca nada de este nivel. Hasta entonces, eso estaba limitado a las grandes capitales: Madrid, Barcelona y poco más.

En A Coruña lo de Prince pertenece al elenco de citas históricas. Se recuerda y se recordará siempre. ¿Una escena? El genio de Mineápolis tocando el solo de guitarra de Purple Rain alzado sobre unos tacones blancos y un traje verdiblanco imposible. Frente a él, una inmensidad siguiendo la melodía con mecheros. A su izquierda, la ría de O Burgo llena de pequeñas embarcaciones. Y todo ello en una noche excepcional. Sí, así fue.

El concierto se celebró en un lugar tan insólito como el colegio Santa María del Mar de los Jesuitas. «Teníamos el estadio de Riazor, pero entonces las relaciones con el Deportivo no eran buenas y no quisimos tensarlas más», recuerda Eduardo Blanco, concejal de Fiestas entonces. «Leí en La Voz que se celebraba el 25.º aniversario del colegio y pensé que sería una buena idea proponerles el concierto en su campo de fútbol», añade. La oposición, de entrada, fue rotunda. «Pero luego, en el toma y daca, el director del colegio dijo que lo iban a apoyar», señala Blanco.

Después del colegio, llegó la agencia de Prince. Otro obstáculo. «Fue muy complicado, porque las grandes agencias internacionales lo primero que te preguntan es dónde van a tocar y quién lo hizo antes. Y claro, le decías que era en un colegio y en una ciudad en la que habían actuado la Pantoja o Raphael», recuerda entre risas Jesús Manzano, el promotor del concierto. Pero al final no solo se llevó a cabo, sino que se filmó y se retransmitió en directo para TVG. Ahí se pudo ver a un Prince, con Santa Cristina de fondo, contoneándose y explorando su carisma.

Años después flaquearía. Pero hasta entonces Prince resultaba infalible. Con un repertorio plagado de hits como The Future, 1999, Kiss o Take me With U trenzó un concierto espectacular. También hizo dos concesiones a la galería. Primera, el Batdance, sacada de Batman (1989), la banda sonora del filme de Tim Burton. Segunda, Nothing Compares to U, un viejo tema suyo que había versionado con éxito espectacular Sinéad O'Connor.

El promotor Ramón Barros entonces formaba parte, con Manuel Roca y Lalo Sánchez, del equipo que llevó a cabo aquella contratación del concierto. Descubrieron cómo se las gastan los divos. «Tuvo como camerino el polideportivo, que hubo que revestirlo de moqueta de color arena. Nos pidió unas espalderas, una mesa de billar y una cámara de oxígeno», recuerda.

No fue verdad, sin embargo, una leyenda que circuló por la ciudad en su día: que el artista iba a llegar en globo. Lo hizo en avión. «Al aterrizar en el aeropuerto preguntó cómo era posible que a 100 kilómetros estuviera Madonna», rememora Manzano. Cosas del momento.

25.000 personas rendidas ante el de Mineápolis

La Voz recogió en su edición del 30 de julio la crónica del concierto, reflejando que habían asistido 25.000 personas. El texto no repara en halagos. Se hace hincapié en los «juegos eróticos encima del piano» del artista. También en los constantes gritos de «La Coruña». Y se sentencia a lo grande: «Probablemente, el artista más completo del momento».

El día en que elegimos a Madonna

El 29 de julio de 1990, cuando Madonna Louise Verónica Ciccone aterrizó en Vigo para actuar en Balaídos, aún no estábamos acostumbrados ni los vigueses ni el resto de los gallegos a que nos alcanzara el brillo de estrellas de tanto lustre. Y entonces llegó la ambición rubia con su Blonde Ambition Tour. Unos cientos de fans fueron al aeropuerto para verla de cerca pero ella ni se giró. Vino a lo suyo, no a hacer amigos, sino dispuesta a provocar a los parroquianos en el escenario, que era a lo que se dedicaba por aquel entonces, ya que más allá de sus bombazos (Material Girl, Holiday, Live to Tell, Papa don't Preach), arrastraba el escándalo. Like a Virgin y especialmente Like a Prayer por el uso que hacía de la iconografía religiosa para fines poco píos, levantaban ampollas entre los pacatos y hasta el papa medió en el asunto pidiendo a los cristianos que no acudieran a un evento cargado de erotismo y sexo explícito. Tanto la cantante Silvia Superstar como la peluquera Mara Costas recuerdan que era la época en la que la norteamericana se vestía con atrevidos diseños de Jean Paul Gaultier, aquellos bodis de senos puntiagudos que tanto dieron que hablar. Aunque lo que quedó para la historia local es que Madonna se hizo con la camiseta del Celta, que vistió y sudó, además de envolverse en la bandera de Vigo en un momento del recital, que duró 110 minutos «de reloj».

En aquel momento estaba a punto de cumplir 32 años, tenía cuatro discos, era su tercera gira mundial (alabada como la mejor del año por la prensa especializada), pero ya era una diva inalcanzable que llegaba en avión privado y vivía rodeada de guardaespaldas, así que cuando el entonces alcalde de Vigo, el socialista Manoel Soto, anunció que la italoamericana iba a hacer una paradiña, hubo, como siempre por otra parte, dos bandos: los que se alegraban de que pasase por su ciudad y los que pusieron el grito en el cielo por el dispendio que supuso para las arcas públicas. Costó 160 millones de pesetas y Madonna se embolsó más de cien. Se pusieron a al venta más de 40.000 entradas, que costaban 1.200 pesetas, pero solo vendieron la mitad. Prince (o más bien los programadores de su actuación el mismo día) se llevaron parte de culpa. Y el promotor del evento en Vigo, Bibiano Morón, todavía arrastra el peso de ser el responsable de aquel carísimo contrato que terminó pagando mucho después. O eso dice la leyenda.

El 29 de julio de 1990 fue una jornada salomónica. Algunos tenían claro qué elegir, si el espectáculo lúdico de una o el genio sin límites del otro, pero a la mayoría les hubiera gustado no tener que renunciar a nada y disfrutar de ambos. Y más en un momento en que no estábamos para remilgos. Lo más internacional que había pasado por aquí era Tom Jones en la discoteca Nova Olimpia.

Madonna, a pesar de no haber llenado Balaídos dejó al público contento, con la impresión de haber sido testigos de algo especial. Ahora hasta las orquestas presumen de tráiler gigante, grúas y mandangas, pero hace 25 años no había un despliegue igual. Siniestro Total, cual pulpo en garaje, ejercieron de teloneros. Cumplieron, pero se largaron por patas en cuanto remató su faena. «No nos interesaba, aunque reconozco que impresionaba aquella parafernalia». Eso dice Miguel Costas, que recuerda que el concierto estaba más basado en el espectáculo que en el hecho musical. Madonna tiene casi 57 años y sigue en la brecha. ¿Volverá a Balaídos ahora que el estadio afronta, desde el año del Naranjito (1982), su primera gran reforma al módico precio de 30 millones de euros?

Un contrato que pasó por el pleno municipalla polémica

Las condiciones del contrato de Madonna se aprobaron en un pleno extraordinario. La operación se vio envuelta en una polémica en la que se llegó a decir que una empresa concesionaria municipal había «donado» 50 millones de pesetas. Hoy, Manoel Soto sigue orgulloso de aquella decisión que aupó a Vigo a otro nivel en los circuitos musicales.

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