La leña de encina matiza el aroma y el sabor de las viandas de La Escondita, un restaurante de producto y precio muy ajustado localizado en la plaza de María Pita de A Coruña
18 abr 2015 . Actualizado a las 05:00 h.Hace solo cuatro meses y medio que La Escondita abrió sus puertas en la plaza de María Pita con un objetivo claro: convertirse en un referente en carnes, pescados y mariscos a la brasa. En este local coqueto, agradable e informal -que nadie espere grandes manteles en sus mesas de madera- Óscar Hermida, que se ocupa de la sala, y Óscar Asensio, desde los fogones, abanderan una apuesta por la cocina de producto que destaca además por una interesante relación calidad-precio. De martes a viernes se ofrece incluso un menú por 11 euros. El local permanecerá cerrado la semana que viene por reformas en la cocina que se traducirán a su vez en ligeros retoques en la carta.
Hermida y Asensio optan por la leña de encina para dar personalidad a sus recetas, en las que olfato y gusto se benefician por igual de tan convincente apuesta maderera. La brasa pisa fuerte desde los entrantes, entre los que se puede optar por zamburiñas, pulpo, berberechos... También por los mejillones, que se presentan en una fuente de barro para que conserven la temperatura. Hermida explica que abren solos al colocarlos a la brasa y adquieren así un matiz diferente. Son una curiosa alternativa a preparaciones del bivalvo más habituales.
Otras opciones de la carta son las sorprendentes croquetas de gambas al ajillo con alga códium, y varias ensaladas. Es sabrosa la de queso de cabra a la brasa con nueces y mermelada de tomate al tomillo, aunque hay que advertir que el conjunto resulta muy dulce. Claro que siempre se puede pedir que se modere la dosis de mermelada. Para gustos...
Entre los segundos platos llama la atención la lubina salvaje -a la brasa- para compartir entre varios comensales, pues se sirve la pieza completa, de más de un kilo. Bacalao y sargo son otras posibilidades. En cuanto a la carne, la estrella de La Escondita es la vaca gallega, en varias piezas y con guarnición de patatas y pimientos.
El punto de sal gorda realza el sabor del triguero y el tomate asado que acompañan al pollo picantón, que es el que se sacrifica con un mes de edad y medio kilo de peso. Y es en el zanco donde el sabor de la madera destaca con mayor intensidad. Bien también la carne ibérica a la brasa con compota de manzana y un toque -bien calibrado- de Pedro Ximénez.
Entre los postres triunfa sin duda el variado de la casa, que incluye una cañita rellena de crema pastelera y regada con chocolate fundido, un milhojas de pasta filo (tipo lámina) con nata de frutos rojos y un cremoso de queso de O Cebreiro en salsa de membrillo. Este último, de excelente equilibrio, sin un peso excesivo del dulce.
La carta de vinos incluye unas 25 referencias, con denominaciones de origen gallegas.