Mateo Sancho Cardiel | EFE

La espectacularidad de Tommy Hilfiger, que celebró los 30 años de la firma recreando un partido de fútbol americano, y la exquisitez líquida de Carolina Herrera, con una colección inspirada en el vaivén del agua, marcaron los dos puntos de impacto del día en la Semana de la Moda de Nueva York.

Tommy Hilfiger, que representa en cambio a la juventud estadounidense despreocupada y lúdica, siempre con buenas notas en el expediente, había prometido el desfile más espectacular jamás visto y no quedó lejos de su ambicioso objetivo. En el gigantesco Park Avenue Armory recreó un estadio de fútbol americano y sentó en las gradas al respetable, entre el que se encontraba la cantante Rita Ora, la novia de su hijo Richard.

Pero el espíritu competitivo del deporte se fundió un clásico sentimental del cine de los años 70, Love Story, cuya protagonista, Ali McGraw, es la principal influencia de la colección. De este cruce nace un nuevo concepto. «Hay una tendencia en el mundo que es lo que yo he acordado llamar athleisure, pues mezcla lo atlético con el ocio y el esparcimiento (leisure en inglés)», aseguró Tommy Hilfiger a Efe. «A la gente le gusta llevar una vida deportiva, pero quieren seguir siendo chic, cool y a la moda», añade.

Sobre el campo de fútbol americano, entonces, todo un equipo de niñas modosas que heredan del espíritu trágico romántico de Ali McGraw la cachemira, el jaquard o el tejido vaquero, así como el estampado de cuadros. Al actualizarlo, Tommy Hilfiger rompe el plisado de la falda, enciende los terciopelos y da un mayor volumen a las lanas, aunque se mantiene fiel a uno de los colores de la temporada, el tabaco, en un maridaje muy otoñal con el burdeos.

Desfile de Tommy Hilfiguer
Desfile de Tommy Hilfiguer

Del fútbol americano quedan el cuero y las costuras gruesas a la vista, casi cicatrices al estilo del balón de este deporte, además de las hombreras y la numeración a la espalda, que incluso se imprime en un abrigo de pieles sintéticas. Tras jugar con las capas, las casacas y las trencas, dejando al aire algún escote en uve o algún cuello caja, Hilfiger, como una estrella del deporte, salió casco en mano a saludar a la hinchada que le ha convertido un emporio textil mundial.
 

La sofistificación de Carolina Herrera

Carolina Herrera, máxima expresión de la sofisticación de la mujer neoyorquina de alta alcurnia, volvió a dar en la diana con una colección de sensualidad sinuosa, de fluctuación constante como el agua del mar. Una esencia inestable sobre la que la diseñadora se posa con el aplomo y la ductilidad que le caracterizan. «He hecho esta colección explorando el elemento del agua. Los vestidos están cortados como olas del mar. Todo lo que tenía conexión con agua traté de trasladarlo a los tejidos», explicó a Efe minutos antes del desfile.

Desfile de Carolina Herrera
Desfile de Carolina Herrera

Según ella, las aguas en la moda «siempre han sido turbulentas», pero allí está su genio para calmarlas, para producir un hipnótico canto de sirena que lleve al amante de la moda a enamorarse perdidamente de sus propuestas. Carolina Herrera convierte así una tormenta en una experiencia placentera, mimando el patronaje y consiguiendo «esa fluidez total que ves en el agua cuando está lloviendo, en el mar, en los colores, entre azules y grises», dice.

Con modelo estadounidense Karlie Kloss abriendo y cerrando el desfile, estampados revueltos y espumosos, transparencias que crean el efecto de corrientes, tejidos en cascada y gazar o mangas abombadas generaron la sensación de que gravedad aligerada, de que los tejidos flotan. Entre los colores marinos, explotan también rojos coral, gotitas de apliques tecno o bordados en spray que reproducen la luna que riela sobre el mar. A veces el cromatismo se disuelve como si fueran una acuarela japonesa, se filtran los jacquard e impresiones fotográficas e incluso las pieles tienen el aspecto de flora marina imitando el baile ingrávido de las anémonas.

Carolina Herrera, a sus 76 años, sigue satisfecha y dice que, en el río de su vida, «si tuviera que nadar, nadaría por el mismo río». Como cierre, aprieta el timón y saca su armada invencible de vestidos de noche. Un broche finísimo y genial.

La jefa de redacción de la revista Vogue, Anna Wintour, la actriz Dianna Agron y el ícono de la moda Olivia Palermo fueron algunas de las invitadas de honor del desfile de Carolina Herrera. Y en primera fila se sentó Ivanka Trump, la hija de Donald Trump y empresaria de su propia compañía de joyas, fragancias y calzado.

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La Superbowl de Tommy Hilfiger conquista Nueva York