Cinco retos y un deseo para Alonso

La reforma «light» del aborto, la integración de 300.000 nuevos dependientes y el pacto autonómico, entre los asuntos que debe afrontar el recién nombrado ministro de Sanidad


Redacción / La Voz

Tener una triple A en las iniciales marca el carácter. Tal vez por eso Alfonso Alonso Aranegui (Vitoria, 1967) no se arruga fácilmente y es difícil hacerle perder su media sonrisa. Conciliador nato, Alonso tiene apenas un año para recomponer la buena sintonía que había entre ministerio y comunidades durante el mandato de Trinidad Jiménez (PSOE) y que los recortes hicieron saltar por los aires. El suyo es uno de los ministerios más vistosos, es cierto, pero también de los vistos, muy vigilado, porque todo el mundo tiene ideas sobre la sanidad. De entrada, este filólogo especialista en la España románica, además de abogado, se enfrenta a por lo menos cinco asuntos pendientes, y, según él mismo se impuso, un deseo.

1. Aborto y familia

Será su piedra de toque y el primer asunto que posiblemente aborde. Tras el fiasco de Gallardón y su penalización del aborto, el Gobierno apostó por una reforma light de la ley de plazos en vigor, reforma en la que las menores tuviesen que pedir el consentimiento de sus padres para abortar -con la ley actual pueden no hacerlo si indican cierto riesgo para ellas, derecho al que se han acogido 113 chicas de 16 y 17 años entre enero y septiembre de este año-. Para no armar más revuelo, Sáenz de Santamaría decidió incluir la modificación en la Ley de Protección de la Infancia, algo que el Consejo de Estado criticó la semana pasada porque una ley ordinaria no debe corregir a una de mayor rango (orgánica). Más allá de los detalles técnicos, los grupos provida se han movilizado en contra, pero en Alonso no deberían encontrar un seguidor. En esta ley se incluirá además un plan de apoyo a la familia, que el ala más conservadora del partido quería ver convertido en ley. En la normativa hay buenas intenciones, pero también se flexibilizará el procedimiento de acogida para menores de tres años y se creará una figura puente hacia la adopción que facilite su éxito; además, las familias numerosas lo seguirán siendo hasta que el último de los hijos tenga 21 años o 26 si está estudiando.

2. Dependencia

Con el desmantelamiento del estado de bienestar, los dependientes se han quedado a la puertas de una vida mejor. Alonso tendrá que decidir qué hacer con los 300.000 -los de grado moderado o grado uno- que el 1 de enero se incorporan al sistema, y para los que no hay ninguna partida en los Presupuestos Generales del Estado. Teóricamente deberían recibir atención desde el 2012, pero el Gobierno había retrasado hasta ahora su incorporación.

3. Copago hospitalario

Este año tenía que aplicarse el copago de los fármacos hospitalarios en todo el país, pero ninguna comunidad, ni siquiera las del PP, lo ha puesto en marcha, aunque algunas aseguran que sí. Los únicos que pagan en la farmacia del hospital son los habitantes de Ceuta y Melilla, únicos territorios gestionados por el ministerio. El nuevo titular de Sanidad deberá decidir si anula la disposición y libera a ceutíes y melillenses, o hace que las consejerías la cumplan evitando el agravio comparativo.

4. Troncalidad

El decreto de Troncalidad es otra patata caliente con la que debe lidiar el que fuera alcalde de Vitoria. En julio, el Consejo de Ministros aprobó la norma que llevaba 11 años dando vueltas por los despachos. Los médicos, y los estudiantes, se oponen a una formación que tiende a la superespecialización, y de la que todavía falta por saber cuántos años implicará.

5. Pacto estatal

Alonso deberá mejorar las tirantes relaciones entre el ministerio y las comunidades autónomas, que se escenifican en cada consejo interterritorial. La situación es complicada porque la sanidad es un asunto transferido pero de interés nacional, por lo que es fácil caer en 17 sistemas diferentes con órdenes contradictorias del ministerio. Ante sí, Alfonso Alonso tiene el reto de conseguir unanimidad en un asunto con más dificultades políticas que técnicas, como es el pacto por la e-salud. Esto supone que todas las comunidades compartan las historias clínicas electrónicas (doce comunidades ya lo pueden hacer) o que las recetas electrónicas sean operativas en el conjunto del territorio nacional (aún no llega al 80 %). La movilidad de los ciudadanos crece cada año al mismo ritmo que el número de enfermos crónicos, que han de ser atendidos allí donde se encuentren. Otras cosas que hay que unificar son, por ejemplo, los tratamientos contra el cáncer o la implantación de fármacos innovadores (el caso del de la hepatitis C ha sido paradigmático).

6. Dejar de fumar

Es el gran borrón, quizás el único, del ministro. En mayo del 2013 fue visto fumando en una cafetería cercana al Congreso, cuando la ley antitabaco lo prohíbe taxativamente. Además, él mismo se ha comprometido a dejar la nicotina al llegar al ministerio.

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