El monumento natural evidencia el paso de miles de personas cada día
08 ago 2014 . Actualizado a las 12:37 h.Un verano más, el debate está abierto. ¿Qué hacer con la playa de As Catedrais, en Ribadeo? ¿Cómo rentabilizar el flujo de miles de personas? ¿Cómo protegerla del riesgo que suponen aglomeraciones de gente? Ayer volvieron a registrarse colas de centenares de visitantes, con los guías de la Xunta supervisando el acceso con bajamar. Pero el fenómeno de As Catedrais en agosto es tal -ciertamente hay que verlo para creerlo- que la gente incluso acude en gran número en marea alta. No son solo turistas despistados, sino aquéllos que, cada año, quieren ver las dos caras de As Catedrais, con y sin marea.
Javier Borderías, madrileño, es uno de ellos: «Vine hace un par de años con marea baja, y ahora he regresado para verla así», dice desde un acantilado, al mediodía, cuando el mar ya ha ocultado los arcos y cuevas. «Es un espectáculo. No hay nada igual en el mundo. Yo, de momento, la dejaría tal cual está, pero si hay riesgo de que la dañen...», añade.
As Catedrais sufre más desde hace un lustro. Jacobo Fernández, que lleva casi una década al frente de los socorristas de la playa, da fe de ello: «Nos últimos catro ou cinco anos notouse bastante a chegada de máis e máis xente. Que pasen en agosto, igual 5.000 ou 6.000 persoas ao día, e dez mil nas mareas grandes, tense que notar. Agora hai sendas marcadas, cando antes todo era campo, desaparece o verde nas pedras, collen os percebes, que antes había en todas as illas e agora só quedan nos arcos, porque están todo o día con auga...». Moderado, añade: «Deberíase mirar un pouco máis o caso das Catedrais».
Las figuras que supuestamente protegen la playa (Reserva de la Biosfera, monumento natural, Red Natura, LIC...) no impiden que haya gente que ahora, en las cuevas más profundas, quiera dejar su huella labrando el nombre sobre las rocas. «Pero o mar -dice otro socorrista- por sorte lévao todo». Francisco y Lucía, un matrimonio valenciano, acudió ayer por primera vez a la playa. Se lo recomendó una compañera de trabajo: «Sí que hay gente... pero se puede andar», dice.