Una guineana invidente acaba de graduarse en Derecho en el campus de Ourense y quiere volver a su país para ayudar a que otros niños ciegos puedan estudiar
13 jun 2014 . Actualizado a las 17:45 h.El acto de graduación celebrado en la facultad de Derecho del campus de Ourense tuvo una protagonista especial. Entre los estudiantes que recibieron su banda de color rojo y el diploma que acredita que han finalizado los estudios estaba Felisa Nchama Alogo, una guineana de 24 años que bajó las escaleras del salón de actos de la mano de una profesora y entre los aplausos de sus compañeros. Desde pequeña, y debido a una enfermedad ocular que no fue tratada debidamente en su país, Felisa es ciega. Una limitación que la obliga a pedir ayuda a veces pero que no ha impedido que haya podido finalizar, a curso por año, la carrera de Derecho. Aún le queda presentar su proyecto de fin de carrera. Será dentro de unas semanas cuando le toque exponer un trabajo sobre la discapacidad y las medidas de acción positiva para conseguir la igualdad de estas personas.
Con él pretende abrir debate sobre un tema que conoce muy bien. Ella misma admite que, pese a la «fantástica experiencia» que ha supuesto el paso por la universidad, ha tenido que emplearse a fondo para sacar adelante las asignaturas. «Ha sido duro, la verdad, porque Derecho es una carrera que requiere más tiempo que otras. Los compañeros y los profesores me han ayudado en todo lo que he necesitado, lo que ocurre es que la Universidad, en general, todavía no está adaptada a las necesidades que pueda tener una persona como yo». «Tenía que apañarme yo por mi cuenta para conseguir los materiales», apunta, lo que le suponía ir a la biblioteca, escanear los libros, luego pasarlos a un conversor de texto y, una vez corregidos, leerlos a través de un programa informático específico. «El braille no se puede usar», explica. En definitiva, cuando sus compañeros ya se habían terminado los temarios, ella aún no había podido empezar a estudiar, lo que la ha obligado a dedicarle muchas más horas.
«Se supone que somos iguales»
«La sociedad avanza en paralelo a la discapacidad. Está la sociedad, con sus historias, y luego estamos nosotros con las nuestras, y no se nos tiene en cuenta», lamenta. Y sabe que todavía hay muchos prejuicios que superar en el ámbito laboral. «Generalmente, si eres ciego no te contratan y eso es muy triste. Ni siquiera te dan la oportunidad y eso me parece terrible, se supone que todos somos iguales», afirma. Sobre el debate abierto recientemente en torno a si un ciego puede ser juez, apela al sentido común: «No encuentro sentido a que se le impida a una persona que no ve ser juez, es una tontería. Entiendo que no se le permita ser piloto de aviones, pero si tiene los conocimientos y supera las pruebas no comprendo las trabas para entrar en la judicatura».
Ella, por su parte, también se ha marcado un reto difícil para el futuro. «Me gustaría volver a mi país y contribuir a que en Guinea tuviesen la oportunidad de realizarse las personas con discapacidad. Yo tuve que venir a España me porque allí no podía hacer nada y quiero ayudar a que eso cambie». Ojalá pueda hacerlo.