En Vespa para ver a Francisco

Dos jóvenes de Soutomaior recorrerán los 2.500 kilómetros que les separan de Roma en viejas motos restauradas


La Cordobesa y Trinela son dos viejas motocicletas Vespa Cosa 200 restauradas por dos jóvenes de Soutomaior: Hugo Teijeira, de 23 años, y Miguel Bastos, de 24. A lomos de estos vehículos, que hace unos días no funcionaban, esperan llegar en cuatro días a Roma para ver al papa Francisco. Partirán el próximo 1 de junio y tienen previsto aparcar en la plaza de San Pedro el día 5.

Ahora están preparando el viaje y cuentan con la colaboración del párroco de su pueblo que espera que les consiga el aval de obispado de Tui-Vigo para que Francisco les reciba. «Es un papa acorde con este siglo», señala Hugo Teijeira.

Ambos jóvenes trabajan en una empresa como antenistas y son unos auténticos manitas. Hugo arregló su primera moto con 13 años con la ayuda de su abuelo y es un apasionado de Italia y de las escúter de Piaggio. «He ido a Roma varias veces y es una ciudad que me sobrecoge por su grandeza», cuenta.

Tienen previsto realizar el viaje por la costa Cantábrica e irán parando en aquellos sitios que más les sorprendan. Dormirán en tienda de campaña en cámpings o donde les cuadre. La llegada a Roma es la primera meta, pero tienen otra más ambiciosa, proseguir hasta Ucrania para «reivindicar la paz». La idea consiste en conducir hasta Bari y desde allí cruzar en ferri a Croacia y continuar hasta llegar al país del mar Negro para lanzar un mensaje a favor del entendimiento de los pueblos. «Este segundo propósito dependerá de como evolucione la situación, porque cada vez está pintando peor», señalan los dos jóvenes.

No saben cómo van a responder las dos viejas motos que adquirieron en A Coruña y en Córdoba. La intención es circular durante doce o trece horas diarias, incluyendo las paradas. Hugo ya ha probado las prestaciones de su Vespa en un viaje con su novia, con la tienda a cuestas, a Corrubedo. Salieron de Vigo y al llegar a Barro la moto se les gripó. «Mi novia decía que volviésemos a casa pero dejé que se enfriara, limpié la bujía, me encomendé a Santiago Apóstol y volvió a arrancar. Y así llegamos a Corrubedo y volvimos. Espero que ahora tampoco falle», manifiesta.

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