Del cielo de París al infierno

La torre Montparnasse, que recibe más de un millón de turistas al año, está afectada por amianto y algunos políticos proponen demolerla


redacción / la voz

El que fuera el edificio más alto de París -hasta que el construido por una firma de seguros lo superó-nunca fue querido por los parisinos. Únicamente los 1,2 millones de turistas anuales que suben al rascacielos para disfrutar de unas vistas a 210 metros de altura, tomarse un café o unas viandas típicas francesas parece que lo toleran. A la contaminación visual de la que se lamentan los vecinos hay que sumarle la del amianto en un edificio de 59 plantas, muchas oficinas y 5.000 personas trabajando en su interior. Algunas firmas que operaban allí ya se mudaron alegando que la torre constituía un peligro de salud parar sus empleados.

La Tour Montparnasse comenzó a construirse en 1969, ubicada sobre una antigua estación ferroviaria, y hasta su finalización, cuatro años después, estuvo siempre rodeada de polémica. Si bien ya se conocía en los años 90 que el edificio firmado por Jean Saubot estaba afectado por amianto, no fue hasta el 2003 cuando se procedió a intervenir para su descontaminación al invertirse en la tarea más de 200 millones de euros. Pero fue un parche. El que fuera alcalde de la ciudad, Bertrand Delanoe, propuso en el 2004 derribarla, pero las complicaciones burocráticas, técnicas y económicas dieron al traste con la solución radical. El Cielo de París, como así se publicita al turista esta arquitectura que un adulto puede visitar por 14 euros, no está curado. El polvo de amianto que desprende todavía constituye un serio peligro.

Y los políticos locales, en el 2014, han comenzado a introducir la torre de Montparnasse en su campaña electoral. La guerra entre los valedores del rascacielos y sus detractores no ha hecho más que empezar. En el horizonte, los comicios municipales. Y la candidata del UMP, partido de centroderecha francés, Natalia Kosciusko Morizet, quiere que el edificio desaparezca. Su rival, la socialista Anne Hidalgo, de origen español, cree que la torre se debe mantener, pues es ya todo un símbolo del nuevo París. Sin embargo, son muchos los vecinos de la capital francesa que verían su desaparición con agrado, pues el edificio «ciega» parte del elegante trazado urbano de París. La torre Montparnasse es vista como una amenaza pública. De hecho, la candidata Morizet, que se encarga de temas medioambientales en la UMP y que tiene ideas muy cercanas a los movimientos ecologistas, pretende acabar con los parches y atajar el problema de raíz dejando hacer a las palas excavadoras. El debate está servido. Lo que Morizet calla es qué se hará con las 150.000 toneladas que pesa el edificio y si los más de 300 propietarios de la torre y los miles de turistas que la frecuentan están de acuerdo.

El rascacielos de Montparnasse, una arquitectura enferma, puede tener los días contados. Si cae Montparnasse la torre Eiffel será la única que toque el cielo de París.

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