Millonarios isleños con feudos que se hunden


Muchos han sido los multimillonarios que suspiraron por comprarse una isla a lo largo de los tiempos. Famosos como el magnate naviero griego Aristóteles Onassis, con su pedazo de tierra llamado Skorpios, el actor Marlon Brando en Tahití o el propio John Lennon, que se agenció la islita de la costa irlandesa Dorinish, de la que pronto se olvidó, y que hoy permanece como lugar de interés turístico y culto para la beatlemania, son algunas muestras de la constante necesidad de aislarse de la fama en islas paradisíacas fuera del alcance de los objetivos de las cámaras.

En el archipiélago de las Bahamas, frente a la costa sureste de Estados Unidos, gozan de una segunda residencia personajes como la cantante Beyoncé, el histriónico Eddie Murphy, el magnate de Microsoft Paul Allen o el actor Nicholas Cage. También posee su parcelita rodeada de océano la colombiana Shakira, Abramovich o Richard Branson, propietario de Virgin. Estrellas del celuloide como Mel Gibson, que dispone de un terreno en las Fidji, Uma Thurman en Escocia o el futbolista portugués Cristiano Ronaldo en su Madeira natal, han caído en la tentación de comprarse un cachito de tierra flotante.

Pero los peor parados han sido el matrimonio Angelina Jolie y Brad Pitt, así como el piloto Michael Schumacher, en coma tras un accidente de esquí, pues sus millonarias inversiones en el archipiélago The World, en Dubai, están siendo engullidas por las aguas del Pérsico.

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