El accidente en la Antártida de un barco de recreo con turistas y científicos cuestiona el número creciente de visitas que se realizan al continente helado
29 dic 2013 . Actualizado a las 07:00 h.Un continente virgen de 14 millones de kilómetros cuadrados -de los que solo un 0,4 % están libres de hielo- a los que le quisieron echar el guante varios países reclamando su soberanía en tiempos coloniales. El Tratado Antártico preservó el Polo Sur. Hoy es una reserva, aunque el incremento del turismo para ver algo único sin ser en un documental se ha convertido en amenaza.
El varamiento del buque ruso Akademik Shokalskiy, que desde la Nochebuena se encuentra retenido por el hielo con 50 turistas e investigadores, espera su rescate por tres rompehielos que se dirigen a la zona. Una anécdota más de un lugar que ya ha vivido un buen número de accidentes. Desde la expedición del británico Ernest Schakleton, en 1917, que vagó con su navío entre icebergs durante 312 días, ha habido otros siniestros. El buque Ara Bahía Paraíso se hundió y vertió carga y combustible al mar en 1982. En el 2002, el crucero Clipper Adventure también quedó atrapado en la Antártida.
El número de embarcaciones con turistas se duplica cada año, y también los incidentes en aguas peligrosas donde los hielos son envolventes. Aún así, los touroperadores de los países circundantes quieren aprovechar la demanda turística. Chile, Argentina, Australia, Nueva Zelanda o Argentina han actualizado puertos para fletar cruceros de lujo. Y nada asequibles. Miles de euros por embarcarse. Viendo que hay negocio, antiguos rompehielos se han reconvertido en trasatlánticos del frío. En la actualidad la iniciativa privada y la investigación van de la mano y en las embarcaciones científicas se mezclan amistosamente biólogos y geólogos con turistas ávidos de instantáneas.
El 2007 el barco NordKapp chocó contra un iceberg a lo Titanic, aunque los 420 pasajeros pudieron ser auxiliados; el mismo año el crucero Linoblad Explorer se fue a pique tras impactar contra un casquete y hundirse. Igual suerte corrió el MS Explorer. En el 2009 el Ocean Nova varó y los 106 turistas fueron rescatados por el oceanográfico español Hespérides, en una operación que dirigió el buzo gallego José Luis Barón Touriño. El Ushuaia, con 83 pasajeros, derramó combustible. Dos años después el crucero Star Polar, con 115 viajeros, sufrió un siniestro similar.
El calentamiento global puede dañar los hielos, pero también las cada día más numerosas bases con fines científicos o las visitas. Los expertos piden una más estricta regulación del tráfico marítimo y de los viajes lúdicos. Los más de 50.000 turistas anuales que pululan -sobre todo en el verano austral, cuando existe menos superficie congelada- dinamitan el equilibrio antártico. El progreso y la ciencia han dejado paso a riadas de cámaras fotográficas y camarotes de lujo con calefacción.