A Javier Páramo, un ourensano estudiante de Ciencias Políticas en Santiago, la marcha atrás del Gobierno central le ha hecho respirar aliviado después de días de angustia. «Volver a casa no era una opción, pero en mi caso tendría que reducir los gastos al máximo y ya no sabía de dónde», señala este joven desde La Haya (Holanda). Vive en un piso para dos en el que se han colocado tres estudiantes. «En Santiago un piso para tres no pasa de 600 euros, 200 por persona; pero aquí, en este de dos plazas el alquiler es de 1.100 euros, y los 550 por cabeza eran inasumibles», explica.
El alojamiento no es lo único que desfasa el presupuesto del estudiante de Erasmus. «Aquí todo está por las nubes: el transporte, la comida y otras necesidades básicas, y trabajar para lograr algún ingreso es impensable, piden un nivel de idioma inalcanzable en unos meses», argumenta.
Javier no está en contra de que se priorice a los becados. «Estoy a favor de que se cubra en primer lugar la beca a los que tienen menos recursos, sin embargo, y comprendiendo que no haya fondos para todos, después de tener desde hace meses firmado el contrato no me parece correcto que nos la retiren», razona. Explica que el 75 % de sus compañeros de la universidad compostelana que están de Erasmus se habrían visto afectados por la medida «porque no fuimos becados el curso pasado, que era el requisito que pedían».
holanda Javier Páramo