Las más íntimas confesiones de Ava Gardner

victoria toro NUEVA YORK / CORRESPONSAL

SOCIEDAD

Publican en Estados Unidos un libro de memorias de la actriz que ha pasado 20 años guardado en un cajón

19 ago 2013 . Actualizado a las 13:18 h.

Ava Gardner: Conversaciones secretas, que se acaba de publicar en Estados Unidos, es un libro único. Primero, porque retrata a una Ava Gardner sin filtros, y segundo, porque su manuscrito estuvo guardado durante veinte años en un cajón esperando a ser publicado. El libro de memorias recoge las conversaciones entre la actriz, a la que se conoció como «el animal más bello del mundo», y el escritor británico Peter Evans, al que la estrella de Hollywood eligió para que narrara sus recuerdos.

Durante sus últimos años en Londres, tras sufrir un ictus que le había paralizado el lado izquierdo de su cuerpo pero mantuvo su cerebro y su memoria intactos, la actriz pasó por un momento financiero complicado. La Gardner decidió no desprenderse de las joyas que Frank Sinatra y otros hombres le habían regalado y pensó que publicar sus memorias le daría el dinero que necesitaba. Por eso se puso en contacto con Evans y comenzó a entrevistarse con él y contarle su vida, por lo visto sin callarse nada.

Peter Evans grabó esas entrevistas, pero fue despedido por Ava cuando esta se enteró de que había publicado otro libro sobre Sinatra que había enfurecido al que había sido su marido y su gran amor. Evans guardó las cintas durante años, pero redactó el libro antes de morir, en 1990. Ahora su agente ha promovido la publicación de esos textos.

En el libro, Evans da respuesta a algunas de las incógnitas sobre la vida de la actriz. ¿Por qué al tiempo que se reía públicamente de la estatura de su primer marido, Mickey Rooney, habló siempre de él como un gran amante? ¿por qué rechazó el papel de la señora Robinson en El graduado? o ¿por qué intentó matar a Howard Hughes tirándole un cenicero a la cabeza? Y mucho más, su noche de amor con el torero Mario Cabré que despertó las iras de Sinatra, los golpes que recibió de otro de sus maridos, George Scott, lo que significaba para ella envejecer o su necesidad de alcohol.

«Echo de menos a Frank, incluso las peleas», reconoció Ava Gardner ante Evans, a quien confesó estar segura de que ella moriría antes que él: «Los bastardos siempre sobreviven». «La vida no se acaba porque hayas dejado de ser una belleza o no seas deseada -reconoció-. Solo necesitas hacer algunos ajustes. Aunque mentiría si dijera que no me importa haber perdido mi belleza. Me duele, maldita sea, me duele jodidamente».

Sobre Mickey Rooney cuenta que ella era virgen cuando se casó y que él se encargó de enseñarle lo mucho que le gustaba el sexo. «En la cama siempre he sabido que estaba en terreno seguro». También se despacha a gusto con Howard Hughes, del que dice que comenzó a llamarla en cuanto se hizo público que se divorciaba de Rooney. Un día, Hughes la golpeó en la mandíbula y Ava le arrojó a la cabeza un cenicero de ónice que dejó al potentado cubierto de sangre e inconsciente: «Había sangre de verdad hasta en el bloody mary». Pero al que le dedica más recuerdos es a Sinatra. Con él vivió una relación tormentosa, y no ayudó que fuera ella, en la cumbre de su carrera, la que mantenía el hogar: «Tener que depender de una mujer que, en realidad, pagaba casi todas las facturas lo hizo todo mucho más difícil», disculpa a Sinatra.