«Xogar xuntos afasta o divorcio»

Rubén Nóvoa Pérez
rubén nóvoa OURENSE / LA VOZ

SOCIEDAD

Miguel Villar

Mariló Fernández y Alberto Núñez están separados por veinticinco años y varias generaciones y entre ellos hay una profunda brecha tecnológica

21 jul 2013 . Actualizado a las 06:00 h.

Mariló Fernández y Alberto Núñez están separados por veinticinco años y varias generaciones. La edad no es lo único que los diferencia. Entre ellos hay una profunda brecha tecnológica. A ella, directora de un centro cultural que busca recuperar los juegos tradicionales, le suenan a chino superventas como Call of Duty o FIFA 13, dos de los videojuegos que arrasan entre los jóvenes y no tan jóvenes, o cualquiera de los «cacharros» necesarios para lanzarse al mundo virtual de las consolas. A él, copropietario de la tienda Xogón de Ourense, se le queda cara de póker cuando se le habla de subirse a unos zancos. Se trastabilla nada más intentarlo.

El debate lo arranca Mariló con una defensa basada en sentimientos: «É de onde vimos. Os xogos tradicionais os defendo como algo cultural que socializa. Teñen que transmitirse entre xeracións. Que os máis vellos lles ensinen aos máis novos. Temos que defender as nosas raíces».

Al gamer ourensano, lo del cliché de la socialización no le pilla desprevenido y se alía con las últimas tecnologías para tratar de rebatir el argumento: «Sempre houbo prexuízos sobre se non se socializaba ou te volvías sedentario cos videoxogos. Xa non é así. Ese rapaz de aí -se refiere a un niño de unos diez años que está al fondo del local y que lleva media hora disparando a diestro y siniestro a todo lo que se mueve en uno de los videojuegos del momento- está agora xogando con outros nenos de Alemaña ou Turquía».

Ese concepto 2.0 de hacer amigos no convence a la directora del Centro Cultural Xaquín Lourenzo: «Non hai un contacto físico. Nos xogos tradicionais entran en acción todos os sentidos». Otra de las cuestiones que más le preocupa de la generación consola es la adicción que generan. «Teñen un claro compoñente aditivo. Pásache a ti, a el e ata o Espírito Santo. Botase aí moito tempo». Alberto reconoce que es una posibilidad, aunque él recomienda no dedicarle más de dos horas al día.

Tampoco duda en tirar de libreta para enumerar una decena de beneficios de estos dispositivos. «As parellas que xogan entre eles sofren menos divorcios», espeta. El marital argumento pilló a Mariló descolocada y prefiere centrase en defender las ventajas de los juegos con los que creció: «Un neno que crece entre xogos tradicionais e el mesmo quen crea as súas propias normas. Non veñen impostas e só teñen sentido se as compartimos cos demais. Esta forma de ocio é fundamental para as relacións persoais nas que dubido moito que se poida profundizar a través deses aparatos».

Prácticamente seguro de la extinción de casi todo juego que no pase por una videoconsola, Alberto se imagina su futuro en familia: «Cando teña 70 anos o que me vai apetecer é chegar a casa e xogar cos netos á consola». «Cando teñas esa idade eles vante ver como un carroza e quererán xogar a cousas máis guais do momento», le desanima ella.

Mariló Fernández

Directora del Centro Cultural Popular Xaquín Lourenzo

«Hai que defender as nosas raíces. Pasar os xogos entre xeracións»

Alberto Núñez

Copropietario de una tienda de venta y alquiler de videojuegos

«Os nenos que xogan coa consola teñen máis destreza e memoria»