Con la Lomce parece que los directores tendrán más poder. El director será competente para elaborar el proyecto educativo, la programación y las normas de funcionamiento. Podrá elegir a un porcentaje del profesorado que mejor se ajuste a su proyecto de dirección. Resolverá los asuntos de convivencia. Su selección quedará en manos de la Administración.
La nueva ley no da al proyecto personal de dirección el valor que debe tener, pues significa el compromiso que establece el director con la Administración pero también con la comunidad educativa. Los directores son los ojos y las manos de la Administración, pero también de padres, alumnos y profesores.
El perfil del director Lomce será el de un mero gestor y no el de un líder educativo, como predican todos los organismos internacionales. El gestor controla y organiza, el líder concilia fines, cambios y atiende a la continua revisión de su proyecto. La Lomce le otorga gran poder de decisión, pero al final queda pendiente la profesionalización verdadera de la función directiva. El director debe estar preparado antes de acceder al puesto, y su trayectoria evaluada y reconocida.
Un asunto clave debería ser la rendición de cuentas y la evaluación del desempeño. El gestor elegido por la Administración, a la que únicamente rendirá cuentas, nunca tendrá un proyecto reconocido por la comunidad educativa, y paradójicamente será más débil. Su margen tan amplio de maniobra podría provocar situaciones indeseables marcadas por el amiguismo y el clientelismo político.
La Lomce desatiende a lo que dicta la Constitución de 1978 cuando dice que «los profesores, los padres y en su caso los alumnos, intervendrán en el control y gestión de todos los centros».
El líder considera el éxito como una tarea colectiva. Los resultados no son el único factor de éxito. La calidad debe ser entendida como herramienta y método, no como un fin en sí misma.
El hecho de que cada Gobierno entrante cambie las leyes educativas crea desconfianza. Más deseable sería evaluar las debilidades del sistema, ponerles remedio, valorar sus fortalezas, considerarlas y trabajar hacia un pacto educativo común.